El régimen cubano volvió a reaccionar con el libreto de siempre. Este jueves, el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío descalificó el nuevo paquete de ayuda humanitaria de seis millones de dólares anunciado por Estados Unidos y acusó a Washington de actuar con su ya conocida “hipocresía proverbial”.
Desde sus redes sociales, el diplomático atacó el anuncio estadounidense con tono burlón, criticando que se prometa enviar “un poco de frijoles, arroz, laticas y lamparitas recargables” a cubanos del oriente del país, mientras —según su versión— se somete a la Isla a una supuesta “guerra económica despiadada” que priva al país de combustible. El problema, para el régimen, no es la ayuda, sino que no pase por sus manos.
Fernández de Cossío afirmó que las sanciones de Estados Unidos tendrían un impacto superior a 5.000 millones de dólares anuales, afectando la producción de alimentos, la generación eléctrica, la salud, el agua y el transporte. Como es habitual, ni una palabra sobre décadas de mala gestión, corrupción y dependencia absoluta de subsidios externos.
En su mensaje, el viceministro acusó a Washington de hacer “un sucio negocio político”, asegurando que aplica sanciones que golpean a millones de cubanos mientras ofrece ayuda humanitaria con productos “a precios exorbitantes”. Una narrativa diseñada para deslegitimar cualquier asistencia que no controle el Partido Comunista.
También defendió la supuesta “trayectoria efectiva” del régimen en la distribución de ayuda internacional, alegando respaldo de agencias de la ONU y gobiernos aliados. Un argumento que choca frontalmente con años de denuncias por desvíos, control político y uso propagandístico de la ayuda, especialmente en momentos de crisis.
Las declaraciones del viceministro llegan como respuesta directa al anuncio del Departamento de Estado, que confirmó la entrega de seis millones de dólares adicionales en asistencia directa para el pueblo cubano, en coordinación con la Iglesia Católica y Cáritas. Los fondos estarán destinados a alimentos básicos y suministros esenciales para los damnificados del huracán Melissa, que golpeó el oriente del país en octubre de 2025.
Washington ha sido claro: la ayuda no pasará por el régimen. Será distribuida directamente por parroquias locales para evitar desvíos y manipulaciones políticas. De hecho, el Departamento de Estado advirtió explícitamente al gobierno de Miguel Díaz-Canel que cualquier intento de interferir tendrá consecuencias.
Mientras Estados Unidos insiste en ayudar directamente a la población, el régimen responde con ataques verbales y discursos de resistencia. Todo ocurre en medio de una de las peores crisis energéticas y alimentarias de la historia reciente, donde el verdadero escándalo no es la ayuda, sino que el poder se sienta amenazado cuando el pueblo recibe apoyo sin permiso del Estado.







