Régimen revela que los militares que protegían a Maduro eran pagados con dinero del pueblo cubano: «La gente de Cuba apoyó y se siente orgullosa»

Redacción

El viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, volvió a regalar una de esas declaraciones que parecen sacadas de un manual de desconexión total con la realidad. En una entrevista con CNN, aseguró sin titubeos que “la gente de Cuba apoyó y se siente orgullosa” del costo que asumió el país para mantener un dispositivo de seguridad al servicio del dictador venezolano Nicolás Maduro.

La afirmación llegó cuando la periodista le puso el dedo en la llaga: cómo se justifica gastar recursos en proteger a un aliado extranjero mientras la Isla se hunde entre apagones, escasez y una economía en ruinas. La respuesta fue una mezcla de negación, eufemismos y propaganda reciclada.

Fernández de Cossío negó que Cuba tuviera “tropas” en Venezuela y trató de minimizar el asunto hablando de un simple “detalle de seguridad personal”. Según su versión, aquello no era un despliegue militar porque no había ni regimientos ni batallones. Como si cambiarle el nombre borrara el gasto, el riesgo y la subordinación política.

El viceministro insistió en que La Habana fue “muy clara” en su momento y que esos oficiales no eran tropas, aunque reconoció que Cuba pagaba los salarios de ese personal. No era Venezuela quien asumía el costo, sino un país donde millones de personas viven a oscuras, hacen colas eternas por combustible y sobreviven con salarios que no alcanzan ni para comer.

Cuando se le planteó lo absurdo de destinar dinero a la seguridad de Maduro mientras faltan electricidad y servicios básicos en la Isla, el funcionario respondió con un clásico del régimen: compararse con Estados Unidos. Sacó a relucir el gasto militar norteamericano y remató con la frase más insultante de toda la entrevista: que la mayoría de los cubanos respaldaba ese esfuerzo.

Esa afirmación, repetida desde la comodidad del poder, contrasta brutalmente con la realidad diaria del país. Un país donde los apagones se cuentan por horas, las guaguas no pasan, el combustible desaparece y el “ahorro” se impone como política oficial mientras los jerarcas deciden en qué causas extranjeras gastar lo poco que queda.

En la misma conversación, Fernández de Cossío habló de la supuesta disposición de Cuba a un diálogo “significativo” con Estados Unidos, siempre y cuando no se toque el sistema político. Es decir, diálogo sí, pero sin cambiar nada. Reconoció que no existe un diálogo bilateral real, apenas mensajes cruzados a alto nivel, y volvió a culpar a Washington de la crisis energética, calificando las sanciones como una “guerra económica”.

Mientras tanto, en la vida real, los cubanos siguen enfrentando apagones interminables, colas kilométricas y nuevas medidas de austeridad. Y desde el poder, en lugar de asumir responsabilidades, se aplaude haber protegido a Maduro como si fuera un motivo de orgullo nacional.

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