«¡Se acabó el limón!»: La frase de Laritza Camacho que destrozó el discurso de Díaz-Canel

Redacción

La reciente comparecencia televisada de Miguel Díaz-Canel —presentada como un supuesto diálogo “en vivo” con la prensa— no solo dejó muchas dudas en el aire, sino que también desató una ola de reacciones dentro y fuera de Cuba. Una de las voces que más ruido ha hecho en redes sociales fue la de la locutora cubana Laritza Camacho, quien no se guardó absolutamente nada y lanzó varias pullas cargadas de ironía, justo en medio de un escenario marcado por apagones, mala conexión y un creciente escepticismo popular sobre este tipo de intervenciones oficiales.

Desde sus primeros mensajes, Camacho dejó claro el tono que iba a utilizar. Con una frase corta pero demoledora, resumió lo que —según su criterio— fue el mensaje central del gobernante: “Resumen noticioso: Vamos a exprimirlos más. ¡Se acabó el limón!”. La expresión no fue casual. Muchos recordaron de inmediato aquella polémica frase de Díaz-Canel en 2020, cuando aseguró que “la limonada es la base de todo”, comentario que en su momento generó una avalancha de memes, burlas y críticas entre los cubanos dentro y fuera de la Isla.

Como era de esperarse, la publicación encendió los comentarios. Decenas de usuarios coincidieron en que el discurso no aportó soluciones nuevas ni anuncios concretos que alivien la crisis que vive el país. Para muchos, la sensación fue la misma de otras veces: más sacrificios para el pueblo, menos respuestas claras desde el poder. El cansancio social volvió a sentirse fuerte en cada reacción.

Pero Camacho no se quedó ahí. Horas después volvió al tema, esta vez cuestionando las propias condiciones en que se transmitió la comparecencia. Y lo hizo con otra dosis de sarcasmo: contó que el discurso se anunció para las 10 de la mañana… pero justo a esa hora “se apagaron todos los circuitos”. Sin electricidad ni conexión, gran parte de la población ni siquiera pudo verlo. “Debe ser muy triste hablarle al vacío desde el vacío”, escribió, rematando con que el evento fue “en vivo”, pero el pueblo tendría que enterarse “por diferido”.

Su comentario conectó rápidamente con las quejas de muchísimos cubanos que reportaron exactamente lo mismo: apagones, falta de datos y cero posibilidades de seguir la transmisión en tiempo real. Una escena que, para muchos, simboliza la desconexión total entre el discurso oficial y la realidad cotidiana.

En otro post que también se viralizó, la locutora ironizó sobre el formato del encuentro con la prensa y el evidente control de las preguntas. “Con una sola pregunta lo hubieran resuelto todo: ¿Me puede decir la hora, presidente?”. La frase hacía referencia directa a la polémica surgida porque, durante la comparecencia, un reloj visible mostraba una hora distinta a la anunciada oficialmente, lo que alimentó aún más las sospechas sobre la autenticidad del “en vivo”.

Más adelante, Camacho publicó una reflexión más extensa, esta vez usando la sátira para pintar un retrato del deterioro material y social del país. Imaginó a arqueólogos del futuro estudiando una Cuba llena de contrastes absurdos: restos de modernidad mezclados con condiciones de supervivencia propias de siglos pasados. Cerró con una frase tan cruda como viral: “¡Pobres arqueólogos confundidos en el futuro! ¡Pobres de nosotros viviendo en el presente!”.

En redes, el balance general del discurso en vivo fue lapidario. Muchos lo catalogaron como “más de lo mismo”: sin medidas concretas, sin soluciones visibles y con el ya habitual llamado a más sacrificios en un país que lleva años al límite. Entre apagones, escasez e incertidumbre, la comparecencia no hizo más que reforzar una sensación colectiva de agotamiento… y de que el vaso —o el limón— hace rato que se exprimió demasiado.

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