El actor cubano residente en Miami, Lieter Ledesma, volvió a poner el dedo en la llaga con un mensaje en Facebook donde expresó su deseo de que el inevitable cambio en Cuba ocurra con el menor trauma posible para quienes aún cargan con el peso del régimen. Una frase sencilla, pero suficiente para encender pasiones dentro y fuera de la Isla.
En su publicación, Ledesma fue directo al hueso al describir a Cuba como “un país secuestrado por una élite militar desde hace casi 70 años”. Para él, lo más doloroso no es solo la permanencia del poder autoritario, sino una población entera convertida en rehén, lo que explica —dice— por qué muchos exiliados viven con miedo y preocupación por los suyos. Nadie, recordó, puede exigirle a un cubano que deje de pensar en su hijo o que no visite a su padre.
El actor, de 44 años, conocido por sus papeles en dramatizados populares dentro de la Isla, se definió como un hombre libre, cristiano, conservador y de paz, y marcó distancia de las consignas políticas. Aseguró que no le gusta hablar desde trincheras y que su postura es clara: estar del lado de Cuba como nación y de su gente, de todos los cubanos que sueñan con un país mejor, vivan donde vivan.
Desde esa posición, rechazó a quienes se aprovechan del sufrimiento del pueblo, tanto dentro como fuera del país, y señaló a los que hacen negocio político o personal con la miseria y la escasez impuestas por el régimen. En ese punto, su crítica fue tan incómoda como necesaria.
Ledesma también pidió libertad para los presos políticos que languidecen en cárceles del régimen y expresó un deseo que conecta con millones de cubanos: que vivir en Cuba no sea nunca más un castigo en sí mismo. Su cierre fue explícito y sin maquillaje: “Viva Cuba libre… abajo las dictaduras, todas”.
El post generó una avalancha de reacciones. Algunos usuarios, aparentemente desde la Isla, agradecieron el tono respetuoso y la ausencia de llamados al caos. Valoraron que hablara de cambio sin incitar a empeorar la situación de quienes están dentro, algo que, dijeron, agradecen tanto “los de adentro como los de afuera”.
Otros, ya desde Estados Unidos, discreparon abiertamente. Una seguidora cuestionó su enfoque, lo comparó con posturas consideradas tibias dentro del exilio y dejó claro que, aunque lo admira como actor, no comparte su manera de enfrentar a la dictadura. Desde Naples, otra usuaria fue más frontal y le reclamó una postura más definida, acusándolo de jugar con ambigüedades y de “irse con la ola”.
Como era de esperar, tampoco faltaron las clarias digitales, muchas con perfiles dudosos, que intentaron desviar el foco y empujar el discurso hacia Washington. Mensajes como “quiten el bloqueo” o reproches por las sanciones al envío de petróleo a la Isla buscaron, una vez más, lavarle la cara al régimen y culpar a terceros de un desastre que es interno y estructural.
El mensaje de Lieter Ledesma dejó algo claro: hablar de Cuba, incluso desde la fe y el deseo de paz, sigue siendo un campo minado. Pero también confirmó que el debate sobre cómo desmontar una dictadura sin seguir sacrificando al pueblo está más vivo que nunca, aunque al régimen no le guste y a algunos en el exilio les incomode.







