Díaz-Canel se aferra a negar el colapso en Cuba: «No hay Estado fallido, hay resistencia»

Redacción

Miguel Díaz-Canel volvió a salir ante las cámaras para negar lo evidente. En una comparecencia especial transmitida el jueves 5 de febrero por la televisión estatal y amplificada por las redes oficiales de la Presidencia, el gobernante rechazó que Cuba esté viviendo un colapso o que pueda calificarse como un Estado fallido, pese a que la realidad diaria va exactamente en la dirección contraria.

Sin mencionarlo por su nombre, el también primer secretario del Partido Comunista intentó responder a las recientes declaraciones de Donald Trump, quien calificó a la isla como una “nación fracasada” y un “Estado fallido”. Para Díaz-Canel, el problema no está en los apagones, la escasez o el colapso de los servicios, sino en lo que llamó una construcción ideológica impulsada desde Washington.

Según su explicación, la idea del colapso no existe en Cuba, sino en la “mentalidad imperial” de Estados Unidos. En su discurso, aseguró que esa narrativa forma parte de una ofensiva política y mediática para desacreditar al régimen. “El colapso no está en la realidad del país, está en la filosofía imperial”, afirmó, intentando presentar la crisis como un asunto de percepción y no de hechos.

El gobernante insistió en que Cuba ha resistido “las máximas presiones de la principal potencia del mundo”, en clara referencia a las sanciones estadounidenses. Incluso citó una frase del propio Trump, quien reconoció haber aplicado “todas las presiones posibles” contra La Habana, como si eso fuera una prueba de éxito y no la confirmación de un modelo agotado que solo sobrevive a base de discursos.

Para Díaz-Canel, Cuba no es un Estado fallido, sino un Estado que “resiste”. Una resistencia que él mismo vuelve a etiquetar como “creativa”, aunque en la práctica se traduzca en más apagones, menos comida, transporte colapsado y una población exhausta que sobrevive como puede. La creatividad, al final, siempre recae sobre el pueblo, no sobre quienes gobiernan.

Mientras el discurso oficial habla de fortaleza ideológica, la vida real cuenta otra historia. Hospitales sin recursos, escuelas deterioradas, salarios pulverizados y una emigración masiva que vacía al país son síntomas claros de un sistema que no funciona. Negarlo frente a las cámaras no lo hace desaparecer.

Díaz-Canel puede repetir que Cuba no ha colapsado, pero cada comparecencia suya refuerza la misma sensación: un poder desconectado, aferrado a consignas, incapaz de reconocer su propio fracaso. En la Cuba de hoy, la negación ya no es una estrategia política; es parte central del problema.

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