Gerardo Hernández va con todo contra Andy Vázquez y le llama “guataca, oportunista y arrastrado”

Redacción

La sátira volvió a prender candela en las redes cubanas, y no fue por gusto. El actor Andy Vázquez, recordado por su personaje en Vivir del Cuento, soltó en Facebook una imagen que presentó como “la nueva moneda nacional cubana”, y el chiste corrió como pólvora. El billete llevaba la cara de Donald Trump y una moneda con la frase “Patria y Vida – 2026”, todo envuelto en ese humor afilado que en Cuba siempre termina tocando nervios sensibles. Su comentario fue mínimo, casi un susurro irónico: “Mira tú”. Y con eso bastó para que ardiera Troya.

La reacción del aparato oficial no se hizo esperar. Gerardo Hernández Nordelo, figura dura del engranaje cederista y viejo símbolo de la propaganda castrista, salió a disparar desde sus redes. Sin nombrarlo directamente, lanzó una perorata contra artistas exiliados a los que llamó oportunistas y arrastrados, dejando claro que el dardo iba dirigido a Andy. El tono fue más de ajuste de cuentas que de debate, una señal de cuánto le molesta al poder cualquier burla que escape a su control.

Las respuestas no tardaron en caerle arriba. Cientos de usuarios le recordaron que Andy salió de Cuba empujado por la censura estatal en 2019, después de que un sketch incómodo para el régimen le costara su espacio en la televisión. Muchos señalaron la contradicción brutal de ver a un funcionario atacando artistas mientras predica moral revolucionaria. La indignación popular fue un reflejo del cansancio acumulado frente a décadas de control cultural y doble discurso.

Andy, por su parte, guardó silencio. Su publicación siguió creciendo en reacciones sin necesidad de añadir una palabra más. Para muchos, ese silencio fue una respuesta elegante: dejar que el chiste siguiera caminando solo. Y es que su historia no es aislada. La expulsión de la TV marcó el inicio de un exilio forzado, con el miedo real de quedar “regulado” y no poder volver a su país. Perdió carrera, estabilidad y cercanía familiar por ejercer humor, algo que en cualquier sociedad sana sería normal, pero que en Cuba se paga caro.

El ataque de Hernández suena especialmente cruel cuando viene de alguien blindado por privilegios oficiales. Mientras Andy ha tenido que rehacer su vida a puro talento en el exilio, el vocero del castrismo insiste en una narrativa que ya se siente oxidada. El contraste es brutal: creación libre contra obediencia política, risa contra consignas.

El episodio deja otra vez al descubierto el miedo estructural del régimen al humor. Un meme logra lo que mil discursos no pueden: desnudar el absurdo. La “moneda imaginaria” de Andy terminó circulando más fuerte que cualquier propaganda oficial, porque el sarcasmo conecta con una verdad que la gente reconoce al instante. Cuando la risa revela lo que el poder quiere ocultar, se vuelve peligrosa. Y por eso reaccionan con tanta furia.

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