Nuevo derrumbe en la antigua sede del Instituto Superior de Diseño de La Habana irrumpió la noche de cientos de vecinos

Redacción

Mientras el régimen sigue apostando por hoteles de lujo y megaproyectos para turistas, el corazón de Centro Habana se cae a pedazos ante la mirada indiferente del Estado. Este martes, los vecinos del barrio de La Victoria volvieron a sobresaltarse con un estruendo seco y conocido: se desplomó otro fragmento de la antigua sede del Instituto Superior de Diseño (ISDI).

La escena indigna. Un edificio cargado de historia y valor arquitectónico muere lentamente, no por el paso del tiempo, sino por la desidia sistemática de un régimen que ha normalizado el abandono. Aquí no hay fatalidad natural ni sorpresa. Hay negligencia acumulada y una política urbana que prioriza vitrinas para extranjeros mientras los ciudadanos viven rodeados de ruinas y peligro.

Las propias autoridades habían declarado hace tiempo el inmueble en estado de derrumbe, decisión que llevó al traslado del ISDI al municipio Playa. Pero en lugar de intervenir, restaurar o al menos asegurar la estructura, el gobierno optó por dejarla abandonada, condenando a la desaparición un edificio emblemático para varias generaciones de diseñadores cubanos.

La antigua sede del ISDI, reconocida como parte del patrimonio arquitectónico de La Habana, ha sufrido un deterioro acelerado y visible. Grietas profundas, desprendimientos constantes y fallas estructurales fueron denunciadas durante años por vecinos y medios independientes, sin que llegara una respuesta efectiva. Meses atrás ya se había producido un colapso parcial, también sin víctimas, como si la suerte fuera el único plan de protección.

El abandono abrió además la puerta al saqueo. En octubre trascendió la desaparición de documentos históricos, expedientes académicos y mobiliario, mientras residentes denunciaban la ausencia total de custodia y la presencia habitual de personas durmiendo dentro del edificio. Un inmueble universitario convertido en refugio improvisado y botín, símbolo perfecto del colapso institucional.

Hoy, lo que fue una referencia académica es un foco de riesgo urbano. Cada nuevo derrumbe aumenta la posibilidad de una tragedia mayor en una zona densamente poblada. Aun así, la respuesta oficial sigue siendo el silencio, la espera y la resignación impuesta.

El cineasta cubano Luis Lacosta compartió imágenes devastadoras que muestran la magnitud del saqueo. Ventanas arrancadas, puertas desaparecidas y hasta la entrada principal desmantelada. “Esto es más que preocupante, cómo se puede haber dejado una institución universitaria abandonada hasta tal extremo”, denunció. Sus palabras resumen lo que muchos sienten: no es solo un edificio el que se cae, es una ciudad entera abandonada por quienes debían protegerla.

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