El régimen salió este lunes a vender calma en medio del apagón generalizado. Según su versión, los bancos cubanos están “preparados desde hace tiempo” para operar incluso sin electricidad, como parte del supuesto plan oficial frente al desabastecimiento brutal de combustible que mantiene al país medio paralizado.
El mensaje llegó, cómo no, desde la tribuna de la Mesa Redonda, el espacio preferido para repetir consignas. Allí, la presidenta del Banco Central de Cuba, Juana Lilia Delgado Portal, aseguró que el sistema bancario sigue funcionando en todo el país, aunque reconoció “ajustes” en los horarios de las sucursales que no tienen grupos electrógenos ni fuentes alternativas de energía. Traducido al lenguaje real: abren cuando pueden y cierran cuando se va la luz.
La funcionaria explicó que desde hace años se vienen haciendo inversiones para aumentar la autosuficiencia energética de algunas oficinas, incluyendo paneles solares. En el discurso suena moderno. En la calle, la realidad es otra: cajeros sin efectivo, colas interminables y clientes rebotando de una sucursal a otra en busca de un servicio mínimo.
Aun así, Delgado Portal insistió en que se garantizan operaciones “sensibles” como el pago de jubilaciones y salarios, depósitos y extracciones de efectivo. Eso sí, dejó claro que la atención presencial tendrá que reorganizarse según las limitaciones energéticas. Una manera elegante de decir que el ciudadano debe adaptarse al desastre, no al revés.
Como ya es costumbre, la solución oficial vuelve a caer sobre los hombros de la gente. La ministra llamó a priorizar los canales digitales para pagos, transferencias y consultas, con el argumento de reducir desplazamientos y ahorrar combustible. El problema es que no todo el mundo tiene internet estable, teléfono inteligente o electricidad para cargarlo, pero ese detalle nunca aparece en la narrativa oficial.
“Hay que pensar en los más vulnerables”, dijo la funcionaria, mientras empuja a jubilados y personas sin habilidades digitales a depender de plataformas que muchas veces no funcionan. Un cinismo difícil de disimular en un país donde los apagones duran horas y la conexión se cae a cada rato.
Delgado Portal también aseguró que se mantienen los servicios del mercado cambiario, tanto en CADECA como en los bancos, además de los pagos internacionales ligados a exportaciones y sectores priorizados. Eso sí, con ajustes de horarios, otra frase comodín que en Cuba suele significar incertidumbre total.
Al final, la presidenta del Banco Central pidió comprensión y paciencia. Confía en que la población entienda la situación y los cambios en los servicios. Lo que no dijo es por qué, después de más de seis décadas en el poder, el régimen sigue pidiendo sacrificios mientras administra la escasez como si fuera una política de Estado.
La recomendación final fue seguir las redes sociales de los bancos para enterarse de horarios y cambios operativos. En un país donde a menudo no hay ni luz ni datos móviles, el consejo roza lo absurdo. Cuba está a oscuras, pero el régimen insiste en que todo está bajo control. La propaganda aguanta; la realidad, cada vez menos.







