170 cubanos terminan deportados a La Habana tras haber pasado semanas entre centros de detención de ICE y la Base Naval de Guantánamo

Redacción

Lo que para muchos cubanos pintaba como el cierre de una etapa amarga terminó siendo un giro inesperado y brutal del destino. Primero centros de detención de ICE en Estados Unidos. Después, la Base Naval de Guantánamo. Y al final, un regreso obligado a Cuba. Una travesía que, lejos de parecer burocrática, tuvo tintes de pesadilla prolongada.

El lunes, Washington repatrió a 170 ciudadanos cubanos en un vuelo chárter que tocó pista en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana. Con ese aterrizaje se apagó, al menos en lo administrativo, el limbo en el que quedaron atrapados decenas de migrantes. Un limbo marcado por la incertidumbre, el silencio oficial y el desgaste emocional de sus familias.

El caso fue seguido de cerca por The New York Times, que documentó la historia desde que varios cubanos fueron trasladados a Guantánamo a finales de 2025. La opacidad alrededor de los movimientos encendió alarmas y alimentó rumores. Nadie parecía tener respuestas claras mientras los familiares intentaban entender qué estaba ocurriendo realmente.

Más de medio centenar de los repatriados formaban parte de un grupo de hombres movidos desde instalaciones de ICE, incluyendo el gigantesco centro de Natchez, Mississippi. Muchos aceptaron la deportación convencidos de que el vuelo los dejaría directamente en La Habana. Pero el avión no siguió la ruta esperada. Terminó en Guantánamo.

Aquella escala cambió por completo la narrativa. Los migrantes fueron recluidos en una instalación asociada históricamente a detenidos por terrorismo internacional. Para madres, esposas y hermanas, la noticia cayó como un balde de agua fría. La carga simbólica del lugar hizo aún más difícil digerir la situación.

Durante semanas, la comunicación fue mínima y angustiante. Llamadas breves, voces tensas, mensajes entrecortados. En espacios privados de apoyo, las familias compartían versiones fragmentadas, tratando de armar un rompecabezas sin piezas suficientes. La desinformación se convirtió en otro castigo invisible.

Finalmente, el vuelo de repatriación partió desde aeródromos en Luisiana y Florida, cerrando el episodio con destino a La Habana. Según The New York Times, los cubanos habían pasado meses detenidos en territorio estadounidense, incluyendo el período en Guantánamo, antes de ser reubicados recientemente en Mississippi.

Organizaciones de derechos humanos señalaron que se trató del primer vuelo de deportación hacia Cuba desde mediados de diciembre, de acuerdo con los registros de Human Rights First. Aun así, tanto el Departamento de Seguridad Nacional como ICE evitaron ofrecer detalles sobre los traslados. Otra capa de silencio en una historia ya cargada de sombras.

Desde La Habana, el Ministerio del Interior confirmó que en el grupo viajaban 153 hombres y 17 mujeres. Tres de los retornados, según la versión oficial cubana, fueron remitidos a órganos de investigación por supuestos delitos previos a su salida del país. Un detalle que, lejos de sorprender, refuerza el clima de tensión que suele rodear estos regresos.

Todo ocurre en una Cuba donde la palabra “crisis” ya ni siquiera describe el panorama completo. Apagones interminables, escasez crónica, servicios colapsados. Regresar no implica alivio, sino volver a una realidad asfixiante, donde la precariedad manda y las expectativas se encogen.

La historia deja una sensación difícil de ignorar. Más allá de la política migratoria o las disputas diplomáticas, los protagonistas terminan siendo personas comunes atrapadas entre sistemas rígidos y decisiones opacas. Y en el caso cubano, el retorno forzado suele sentirse menos como un regreso y más como un retroceso inevitable.

Habilitar notificaciones OK Más adelante