China se declara dispuesta a ayudar al régimen cubano ante sus problemas de escasez de combustibles

Redacción

El gobierno de China soltó este martes un mensaje que, en cualquier otro contexto, sonaría a gesto diplomático de rutina. Pero tratándose de Cuba y su crónica escasez de combustible, la declaración adquiere otro peso. Pekín dice estar dispuesto a apoyar a la isla, justo cuando la falta de energía ya golpea incluso la aviación.

La información circuló a través de Reuters y fue amplificada por medios estatales chinos como el Global Times. Todo ocurre en un escenario cargado de tensión geopolítica, donde La Habana no solo enfrenta apagones interminables, sino un aislamiento energético cada vez más difícil de maquillar.

Durante una comparecencia habitual, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, dejó clara la postura oficial. Según explicó, su país respalda a Cuba en temas de soberanía y seguridad, al tiempo que rechaza interferencias externas. Un discurso que suena conocido, sobre todo viniendo de aliados históricos del aparato político cubano.

El vocero insistió en que China mantendrá su disposición de ayuda “dentro de sus capacidades”. La frase, diplomáticamente elegante, dejó más dudas que certezas. No se precisaron mecanismos, volúmenes ni plazos. En otras palabras, mucho respaldo retórico y pocos detalles concretos.

Lin Jian también cargó contra las presiones internacionales que —según su versión— agravan la situación en la isla. Afirmó que su gobierno rechaza acciones que limiten las posibilidades de desarrollo del pueblo cubano. Una narrativa conveniente, aunque evita mencionar el factor interno que pesa como una losa: décadas de ineficiencia económica y mala gestión estructural.

El gesto de Pekín, más allá de la diplomacia, refuerza su alineamiento político con La Habana. No es solo un guiño energético. Es un mensaje geopolítico en toda regla, donde China se posiciona sin demasiados rodeos frente a Washington y sus políticas hacia Cuba.

En medio de este cruce de declaraciones, el propio portavoz chino aseguró que no existen reportes de ciudadanos de su país varados en territorio cubano. La aclaración llega tras recientes cancelaciones de vuelos provocadas por la falta de combustible para aeronaves. Un síntoma difícil de disimular del deterioro logístico cubano.

Porque mientras se habla de bloqueos, sanciones y tensiones globales, la realidad doméstica sigue pasando factura. Aerolíneas afectadas, rutas interrumpidas, operaciones inestables. La crisis energética ya no es un problema técnico, sino una señal de colapso operativo.

El respaldo chino puede generar titulares y oxígeno político para el discurso oficial, pero no cambia un hecho incómodo. Cuba no enfrenta solo un bache coyuntural. Arrastra un modelo económico incapaz de sostener servicios básicos, donde hasta garantizar combustible se convierte en drama nacional.

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