EE.UU. vuelve a vigilar desde el cielo: Otro avión espía ronda el norte de Cuba

Redacción

Un avión de inteligencia de Estados Unidos volvió a aparecer cerca de la costa norte de Cuba, y como era de esperar, el tema corrió como pólvora. Cada vez que algo así pasa, el radar político se dispara, porque no se trata de un simple vuelo rutinario, sino de una operación que habla, sin decir palabra, del interés permanente de Washington por lo que ocurre en la isla.

La alerta la soltó en X la cuenta AeroNoticiasVE, que identificó la aeronave como un RC-135V Rivet Joint. Para quien no esté familiarizado con el nombrecito, estamos hablando de un aparato diseñado para husmear en el espectro electrónico. No lleva misiles ni bombas, su arsenal es otro: captar señales, rastrear emisiones y tragarse toneladas de datos en tiempo real.

Este tipo de avión es prácticamente un laboratorio volador. Su trabajo consiste en interceptar comunicaciones, ubicar radares y mapear sistemas de defensa aérea. Todo lo que detecta se envía directamente a centros de análisis estadounidenses. Es inteligencia pura y dura, sin fuegos artificiales, pero con implicaciones estratégicas nada menores.

Aunque opera en espacio aéreo internacional, la clave está en la cercanía. Estos vuelos no son casuales ni turísticos. Se ejecutan lo suficientemente cerca de territorios sensibles para absorber información crítica. Cuba, por su ubicación y su historia geopolítica, sigue siendo un punto caliente. La isla puede estar en crisis interna, pero en el tablero global nunca desaparece.

En el contexto cubano, un movimiento así suele interpretarse como vigilancia reforzada. Puede estar relacionado con monitoreo de comunicaciones militares, tráfico aéreo o actividad naval. También entra en juego la eterna sospecha sobre vínculos y cooperaciones externas. Cuando se trata de La Habana, siempre flota la sombra de actores como Rusia o China, y eso en Washington no pasa inadvertido.

La trayectoria del avión no quedó en el misterio. Usuarios de FlightRadar24 siguieron el recorrido y confirmaron que la aeronave se movió cerca del norte de la isla. En tiempos donde casi todo deja huella digital, estas misiones ya no son invisibles. La tecnología convirtió el espionaje en un espectáculo público, al menos en parte.

Nada de esto es realmente nuevo, pero cada aparición reaviva lecturas y especulaciones. En el caso cubano, además, el simbolismo pesa. Un país con una estructura militar opaca, un sistema político cerrado y una economía en ruinas siempre genera interés externo, sobre todo cuando su estabilidad depende más del control que del consenso.

Hace apenas días se había reportado otro vuelo de reconocimiento de un RC-135V/W a lo largo de la costa norte cubana. De oriente a occidente, sin escalas mediáticas pero con mucha atención en círculos militares. Señales claras de que la vigilancia no es episódica, sino sostenida.

Como si fuera poco, también trascendió el lanzamiento de un globo estratosférico especializado en monitoreo aéreo sobre el estrecho de Florida. La información circuló a través de la agencia rusa TASS, citando fuentes de control de tráfico aéreo. El detalle curioso no fue solo el artefacto, sino la altitud reportada: unos 2,5 kilómetros.

Según esa versión, el globo operaba en la zona de la bahía de Florida, cerca de Cayo Hueso. Más allá de la precisión técnica, el mensaje es evidente. El espacio alrededor de Cuba sigue bajo observación constante, mientras dentro de la isla el discurso oficial insiste en enemigos externos para justificar un modelo que hace agua por todos lados.

Porque aquí hay una ironía difícil de ignorar. Mientras el régimen cubano se aferra a la narrativa de plaza sitiada, la realidad doméstica grita otra cosa. La mayor amenaza para los cubanos no viene del cielo, sino de décadas de mala gestión, represión y promesas incumplidas. Y eso, por más vigilancia aérea que exista, no necesita radares para detectarse.

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