La escasez de combustible en Cuba se está poniendo tan fea que ya ni las embajadas se salvan. El régimen castrista impuso una nueva medida que suena a burla amarga: desde el 11 de febrero de 2026, cada representación diplomática en La Habana tiene cupos diarios estrictos para cargar gasolina o petróleo. Y no, no es una mala broma.
Un documento interno del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex), al que llegó el periodista Magdiel Jorge Castro, detalla la jugada. En el servicentro El Túnel —uno de los puntos clave de suministro— cada auto diplomático solo podrá llenar hasta 20 litros por día útil de semana. Esto significa que los autos acreditados ante embajadas ahora están sujetos a cuotas, horarios y listados como cualquier cubano luchando por combustible.
La venta empieza a las 8:00 de la mañana y se acaba cuando se agota lo asignado. Si se acaba temprano, pues se acabó. Las colas ahora no son exclusivas de la gente común, también las hacen los diplomáticos.
Para ponerle números a la ironía, la embajada de Rusia —la más numerosa en la isla— solo tiene autorizados cuatro vehículos diarios. China puede repostar tres. España, Estados Unidos y Francia también figuran con tres cupos por jornada. Países con misiones más pequeñas como Alemania, Angola, Canadá, Italia y hasta la UNESCO solo reciben permiso para dos vehículos.
El Minrex no se detiene ahí. Dice que las embajadas también pueden comprar combustible en otros servicentros usando la Plataforma Ticket en divisas. Suena bien en teoría, pero en la práctica esos cupos compiten con el resto de la población que también trata de anotarse en esa plataforma desesperada por gasolina.
La paradoja no puede ser más clara: diplomáticos, que deberían circular con facilidad, ahora se pelean por litros de gasolina igualito que cualquier ciudadano bajo un gobierno que presume logros a cada rato. Es otro reflejo de un sistema que ha colapsado hasta para atender a los que representan a gobiernos extranjeros.
De fondo queda la evidencia: la escasez en Cuba es tan crítica que ni los autos oficiales están exentos de racionamiento. El libreto del “bloqueo externo” ya no alcanza para esconder una realidad interna: el país está sin combustible, sin soluciones claras y con cada vez menos excusas que ofrecer. Las largas filas, las restricciones y los cupos diarios no son un accidente; son el resultado de años de mala gestión y colapso estructural que golpean sin piedad a todos por igual.







