En una nueva embestida contra el régimen castrista, el congresista republicano Mario Díaz-Balart defendió con fuerza la política de mano dura de la administración del presidente Donald Trump hacia Cuba, subrayando que Estados Unidos no está dispuesto a legitimar ni sostener al gobierno de La Habana.
Las declaraciones del legislador se produjeron durante una entrevista con medios estadounidenses, en la que Díaz-Balart describió la situación en la isla como “desastrosa”, celebrando que la Casa Blanca haya elegido presionar —en vez de ofrecer concesiones políticas o económicas que, a su juicio, hubieran servido para darle aire al régimen cubano.
Uno de los puntos que más ha insistido el congresista es que los recursos petroleros enviados anteriormente por Venezuela no fueron destinados al bienestar del pueblo cubano, sino que, según él, se utilizaron para reforzar la represión interna y beneficiar a los círculos más cercanos al poder en La Habana.
Díaz-Balart ha mostrado particular interés en cómo se canaliza la ayuda hacia los cubanos sin que pase por las manos del aparato estatal. Destacó que, a diferencia de lo que se hizo en administraciones anteriores, la asistencia humanitaria ahora se dirige directamente al pueblo mediante organizaciones como la Iglesia Católica y Cáritas, evitando así que el régimen se aproveche de esos fondos.
Desestimando la narrativa oficial de La Habana, que culpa a sanciones y bloqueos de las penurias en Cuba, el congresista afirmó que problemas como los apagones, la escasez de bienes y el colapso de los servicios públicos son consecuencia de décadas de corrupción y de la incapacidad del sistema cubano para funcionar con normalidad.
A lo largo de su intervención, Díaz-Balart también dejó claro que cualquier diálogo con el régimen cubano sólo tendría sentido si tuviera como objetivo un cambio político profundo, no para darle respiro ni legitimidad a un gobierno que, según él, viola de manera sistemática las libertades fundamentales del pueblo cubano.
“El presidente Trump no está dispuesto a aceptar una dictadura narcoterrorista a 90 millas de los Estados Unidos”, afirmó con tono firme, enfatizando que la presión continuará hasta que haya una transformación que garantice libertad y seguridad para la población cubana y la región.
En este contexto de máxima presión —que también incluye llamados de Díaz-Balart y otros legisladores para revisar y revocar licencias comerciales que benefician al régimen comunista de Cuba—, la política de Estados Unidos hacia la isla se perfila cada vez más rígida, en clara ruptura con décadas de prácticas diplomáticas tibias o ambiguas.
El mensaje del congresista, alineado con la línea dura de la administración Trump, refuerza un enfoque que busca despojar al régimen cubano de apoyos materiales y políticos, planteándolo como un rival a derrotar más que un interlocutor con el cual negociar concesiones.
En medio de esta dinámica, las tensiones entre Washington y La Habana parecen intensificarse, mientras la isla enfrenta una crisis profunda y prolongada que alimenta tanto la política exterior estadounidense como el fervor de legisladores cubanoamericanos dispuestos a mantener el pulso hasta un eventual cambio en el sistema político cubano.







