Se apaga el turismo: lista de hoteles cerrados por la crisis energética

Redacción

Si alguien pensaba que la crisis en Cuba no podía escalar más… la realidad acaba de dar otro golpe sobre la mesa. El cierre temporal de varios hoteles en diferentes polos turísticos del país confirma que la situación energética y el desplome del turismo están pasando factura —y fuerte— a uno de los sectores que más divisas genera en la isla.

La noticia no llegó sola. A la par, varias aerolíneas y turoperadores internacionales comenzaron a activar planes de contingencia tras confirmarse algo que parecía impensable en plena temporada alta: Cuba no tiene combustible suficiente para abastecer vuelos internacionales de forma estable.

El propio gobierno reconoció que el déficit de combustible de aviación ya impacta a todos los aeropuertos internacionales del país. Y lo más preocupante es que la situación podría prolongarse, al menos, durante un mes.

Mientras tanto, dentro del sector hotelero se mueve otra pieza clave: el cierre de instalaciones y la reubicación de huéspedes. Las autoridades lo llaman estrategia de “compactación”, pero en la práctica significa concentrar turistas en menos hoteles para reducir el consumo eléctrico en medio del colapso energético.

Según comunicó el turoperador canadiense Transat a sus agencias, varias instalaciones ya estaban cerradas hasta el 6 de febrero. En Cayo Santa María, por ejemplo, dejaron de operar hoteles como Valentín Perla Blanca, Sol Cayo Santa María y Meliá Buenavista.

En el polo de Cayo Coco y Cayo Guillermo también hubo afectaciones: Iberostar Origin Playa Pilar, Gran Muthu Imperial, Iberostar Origin Daiquirí, Tryp Cayo Coco y el Hotel Mojito entraron en la lista de cierres temporales.

Varadero, el principal destino turístico del país, tampoco escapó. Allí cerró el Hotel El Patriarca, mientras que en Holguín se reportó la paralización del Gran Muthu Ensenada.

Por su parte, la cadena española Meliá confirmó que redujo su disponibilidad hotelera en Cuba, ajustándola al nivel real de ocupación y, sobre todo, a las limitaciones de suministros que enfrenta la isla.

Pero si el cierre de hoteles ya es grave, lo de las aerolíneas encendió todas las alarmas. La falta de combustible provocó una reacción en cadena, especialmente en Canadá, el mayor emisor de turistas hacia Cuba.

Air Canada anunció la suspensión inmediata de vuelos y el envío de aviones vacíos para repatriar a unos 3,000 viajeros que aún permanecen en la isla. Las rutas estacionales quedaron canceladas y las regulares están en pausa hasta nuevo aviso, con posible reanudación en mayo.

Air Transat también frenó operaciones hasta el 30 de abril, mientras organiza vuelos de retorno para sus clientes.

WestJet fue más allá: canceló todas sus operaciones hacia Cuba, incluyendo las de sus marcas asociadas Sunwing Vacations y WestJet Vacations. En algunos paquetes turísticos, incluso se aplican penalizaciones hoteleras de hasta 200 dólares por persona.

Iberia, por ahora, mantiene la ruta Madrid-La Habana, aunque monitorea la situación y flexibilizó tarifas para cambios voluntarios.

Ante este panorama incierto, varios turoperadores optaron por políticas más flexibles. Transat, por ejemplo, permite cambiar fechas, hoteles o destinos sin penalización para viajes programados hasta el 30 de abril, ofreciendo además créditos válidos por un año.

Air Canada Vacations y otros operadores también habilitaron modificaciones sin cargos y opciones de crédito futuro.

Todo esto llega en un momento especialmente delicado. La crisis energética se agravó tras la reducción del suministro de crudo venezolano, sumado al endurecimiento de sanciones y presiones externas sobre los envíos de petróleo a la isla.

Las cifras del turismo reflejan el golpe: Cuba cerró 2025 con apenas 1.8 millones de visitantes y una ocupación hotelera promedio de solo 21.5 % en el primer semestre.

Mientras el discurso oficial insiste en vender el turismo como motor económico, la realidad dentro del país es otra: apagones de hasta 20 horas, inflación disparada y escasez generalizada.

El cierre de hoteles y la suspensión de vuelos dejan algo claro: la crisis ya no es puntual ni pasajera… es estructural.

Y cuando el sector que más dólares genera empieza a apagarse, la señal es inequívoca: la tormenta económica está lejos de terminar.

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