En el municipio Cerro, en La Habana, Miguel Díaz-Canel volvió a apelar al lenguaje de plaza sitiada. Durante las actividades por el Día Nacional de la Defensa, el mandatario insistió en que el país debe mantenerse listo para escenarios de “guerra no convencional” o incluso una invasión.
El acto se desarrolló en un entorno poco habitual para este tipo de mensajes: la Empresa Nacional Frutas Selectas. Allí, junto a cuadros del Partido, las FAR y la Defensa Civil, se repitió la conocida fórmula de la “Guerra de Todo el Pueblo”, un concepto que reaparece cada vez que la tensión política sube de temperatura.
La idea central del encuentro no dejó mucho margen a la interpretación. Según lo expresado, cualquier fuerza extranjera que pise suelo cubano enfrentaría “fuerzas muy hostiles”. El tono, más que preventivo, sonó desafiante, en línea con la retórica defensiva que el gobierno ha intensificado en los últimos meses.
Autoridades locales también reforzaron el mensaje. Desde la estructura municipal se habló de ejercicios diseñados para fortalecer las Brigadas de Producción y Defensa, piezas clave dentro del engranaje de movilización civil previsto en situaciones extremas. La misión, según se explicó, sería proteger objetivos económicos y garantizar la continuidad productiva en contextos de conflicto.
El discurso, sin embargo, choca con una realidad difícil de ignorar. Cuba sigue atrapada en una crisis económica severa, marcada por apagones persistentes, escasez y un desgaste social cada vez más visible. Para muchos ciudadanos, la preocupación cotidiana no pasa por hipotéticas invasiones, sino por resolver lo básico.
El Gobierno, por su parte, mantiene el foco en la narrativa de resistencia. La insistencia en la preparación militar y la defensa territorial forma parte de un guion político que busca proyectar control y cohesión en medio de un panorama interno complejo y un entorno internacional cargado de fricciones.
Así, entre maniobras simbólicas y declaraciones de firmeza, el mensaje oficial vuelve a girar sobre el mismo eje: resistencia, unidad y amenaza externa. Un libreto conocido que, lejos de perder protagonismo, parece afianzarse como banda sonora permanente del escenario cubano actual.







