La historia vuelve a repetirse en Holguín, donde la Fiscalía Provincial confirmó que los jóvenes Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayaz Pérez continúan bajo prisión provisional. Ambos, vinculados al proyecto digital independiente El4tico, fueron detenidos recientemente, desatando otra ola de inquietud dentro y fuera de la Isla.
Según la versión oficial difundida en Facebook, el proceso penal gira en torno a presuntos delitos de “propaganda contra el orden constitucional” e “instigación a delinquir”. Las autoridades sostienen que desde la plataforma se publicaron contenidos que, a su juicio, buscaban influir en la población y en estructuras estatales.
El comunicado describe un escenario ya familiar en el discurso institucional: acusaciones de publicaciones que supuestamente incitan a modificar el orden constitucional y cuestionan la actuación de organismos políticos y sociales. Todo envuelto en un lenguaje jurídico que en Cuba suele tener consecuencias bien concretas.
Mientras tanto, la medida cautelar se mantiene firme. La Fiscalía asegura que continúan las diligencias investigativas para reunir pruebas y cerrar el expediente. Traducido al lenguaje de la calle, significa que los muchachos siguen esperando, sin certezas claras sobre su futuro inmediato.
El caso no ha pasado inadvertido. Diversas voces, tanto dentro como fuera del país, han expresado preocupación por el aumento de la presión sobre comunicadores y creadores de contenido. La discusión vuelve a girar en torno al estrecho margen que existe para la expresión pública en el entorno digital cubano.
Días antes, organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de la libertad de prensa habían pedido la liberación de los jóvenes, subrayando el papel que juegan los espacios alternativos en un contexto donde el acceso a información independiente sigue siendo limitado.
Por su parte, la Fiscalía insiste en que actuará conforme a la ley y con respeto al debido proceso, una frase que aparece en casi todas las notas oficiales, aunque muchos ciudadanos la reciban con más escepticismo que tranquilidad.
Este episodio se suma a una cadena de procesos similares que reflejan una realidad difícil de ignorar: el control sobre el espacio digital y las expresiones críticas continúa siendo un terreno extremadamente sensible en Cuba. Y cada nuevo caso refuerza la sensación de que opinar, publicar o simplemente incomodar al poder puede salir caro.







