Las redes sociales volvieron a encenderse tras la difusión de imágenes que muestran motos enviadas desde el extranjero acumuladas a la intemperie en el Aeropuerto de Santiago de Cuba. La escena, repetida según numerosos usuarios, desató una ola de frustración entre quienes esperan durante meses por sus vehículos.
Las quejas apuntan directamente a la gestión de los envíos y al estado en que permanecen los equipos. Permanecer semanas —o incluso meses— bajo sol, lluvia y sereno no es precisamente la idea que tienen quienes invierten grandes sumas en transporte y trámites.
En los comentarios, varios afectados describen demoras prolongadas que, lejos de ser excepcionales, parecen formar parte de una rutina conocida. Historias de entregas tardías, costos elevados y pagos adicionales circulan con fuerza, alimentando el malestar.
Para muchos emigrados, la compra y envío de una moto representa años de ahorro. No se trata de un simple paquete, sino de un bien de alto valor económico y personal. De ahí que las imágenes generen tanta irritación y sensación de impotencia.
El problema no se limita a una sola terminal aérea. Testimonios en redes mencionan situaciones similares en otros aeropuertos del país, reforzando la percepción de que las demoras logísticas y el almacenamiento inadecuado no son hechos aislados.
Más allá de la polémica puntual, las fotos reactivan un debate recurrente sobre la eficiencia en la gestión estatal de importaciones. La preocupación central gira en torno al riesgo de deterioro de vehículos expuestos durante largos periodos a condiciones climáticas adversas.
En un contexto donde adquirir un medio de transporte resulta cada vez más difícil para los cubanos, cualquier señal de descuido o retraso adquiere una carga emocional considerable. La espera no solo desgasta la paciencia, también impacta el bolsillo.
Así, entre denuncias, comentarios y nuevas imágenes que siguen apareciendo, la controversia refleja otra arista de las complejidades cotidianas que rodean la llegada de bienes a la isla. Un episodio más que encuentra en las redes el principal espacio de desahogo público.







