Pedro Jorge Velázquez, conocido en redes sociales como “El Necio”, reaccionó públicamente a las restricciones de visado impuestas por Estados Unidos, una medida que ha añadido otro capítulo al ya tenso intercambio político entre Washington y actores mediáticos afines al discurso oficial cubano.
El comunicador utilizó sus plataformas digitales para ironizar sobre la decisión. En su mensaje, sostuvo que le retiraban una visa que nunca había tenido y un sueño que, según dijo, jamás persiguió. El tono, cargado de sarcasmo, buscó restar dramatismo a la sanción.
Velázquez defendió que la medida responde a su actividad periodística. Se describió como un “joven cubano común”, activo en redes desde hace años y colaborador de medios de prensa, negando cualquier vínculo laboral con instituciones estatales o estructuras gubernamentales.
Según su versión, el detonante habría sido una investigación reciente relacionada con el consumo de combustible por parte de diplomáticos estadounidenses en La Habana. El periodista rechazó que ese trabajo pueda ser interpretado como acoso o intimidación.
También calificó la sanción como irrelevante en términos personales, alegando que nunca ha solicitado visa para ingresar a Estados Unidos. En su declaración, enmarcó la decisión dentro de lo que considera presiones contra voces críticas del embargo.
Desde la óptica estadounidense, sin embargo, el contexto es distinto. Reportes citando al Departamento de Estado señalan que las restricciones forman parte de acciones dirigidas contra individuos vinculados a hostigamiento hacia personal diplomático, particularmente en incidentes relacionados con el encargado de negocios Mike Hammer.
El contraste entre ambas narrativas ha alimentado el debate en redes sociales. Mientras Velázquez reivindica su labor como periodismo independiente, Washington sostiene que las medidas responden a preocupaciones de seguridad y al cumplimiento de normas internacionales.
La controversia no surge en el vacío. En semanas recientes, funcionarios estadounidenses han advertido sobre posibles consecuencias para quienes participen en actos considerados intimidatorios contra su representación diplomática en Cuba.
El episodio vuelve a reflejar el clima de fricción persistente en la relación bilateral. Más allá del caso individual, la discusión se mueve entre acusaciones de censura, señalamientos de propaganda y disputas sobre los límites entre activismo político y ejercicio periodístico.







