Marco Rubio denuncia que «el problema fundamental que tiene Cuba es que no tiene economía» y el régimen no tienen interés en que esto cambie

Redacción

Desde Alemania, en el marco de la Conferencia de Seguridad que reúne a líderes globales, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una crítica dura y directa contra la dirigencia en La Habana. Su diagnóstico fue claro: a su juicio, la actual crisis económica de Cuba no es producto de factores externos, sino el resultado de un modelo político y económico agotado que se niega a permitir cambios reales.

Rubio situó el problema en la raíz misma del poder cubano. Según sus declaraciones, la élite gobernante se ha aferrado tanto al control de los sectores estratégicos que ha olvidado cómo generar prosperidad para la población. Para él, esa resistencia a reformar estructuras básicas constituye el principal obstáculo para cualquier mejora tangible en la vida cotidiana de los cubanos.

“El problema fundamental que tiene Cuba es que no tiene economía”, afirmó, subrayando que quienes están al mando parecen incapaces de diseñar un camino alternativo al de mantener el control absoluto sobre la economía, incluso ante una crisis que se profundiza día tras día.

Rubio fue aún más enfático: acusó al régimen de preferir llevar las riendas de un país “moribundo” antes que permitirle prosperar. En sus palabras, la negativa a abrir espacios para la iniciativa privada, flexibilizar inversiones o modernizar el mercado interno ha condenado al país a un estancamiento estructural que acarrea apagones, escasez de combustible y deterioro de servicios básicos.

El secretario de Estado planteó que, incluso cuando se han presentado oportunidades de cambio, las autoridades cubanas no han mostrado voluntad de comprenderlas, ni mucho menos de adoptarlas. Para él, ese afán por el control total —por encima de la necesidad de innovar o ceder terreno en ciertos ámbitos económicos— es lo que mantiene al país atrapado en una crisis permanente.

Las declaraciones de Rubio se inscriben en una línea más amplia de la política estadounidense hacia Cuba, especialmente bajo la administración de Donald Trump, que ha sostenido una postura de presión diplomática y económica. Para el cubanoamericano, el modelo vigente en la isla no solo frena el desarrollo, sino que genera efectos sociales que trascienden fronteras, contribuyendo, en su visión, a fenómenos migratorios regionales.

Más allá de la retórica, sus palabras reflejan un diagnóstico severo: en su evaluación, el sistema político y económico cubano está roto, y cualquier intento de revitalización exige abrir el cerrojo que ha mantenido las mismas estructuras durante décadas.

Con Cuba enfrentando uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, la crítica de Rubio desde un foro internacional como Múnich no solo apunta al Gobierno en La Habana, sino que también destaca la persistente fractura de visión entre ambos países sobre cómo abordar los desafíos cubanos.

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