Policlínicos en Sancti Spítirus solo podrán encender sus plantas eléctricas cuando haya un caso grave o de urgencia en el centro

Redacción

La crisis de combustible en Cuba sigue colándose por cada rendija del sistema, y esta vez le tocó de lleno a la Atención Primaria de Salud en Sancti Spíritus. Las autoridades sanitarias del territorio confirmaron que los grupos electrógenos de los 23 policlínicos solo se activarán ante urgencias o emergencias médicas.

La medida, presentada por la prensa oficial como parte de “acciones inmediatas”, no es otra cosa que el reflejo crudo de un país donde hasta la electricidad en centros de salud depende de la escasa disponibilidad de diésel. En palabras simples: no hay combustible para mantener funcionando con normalidad ni siquiera los servicios médicos básicos.

Mirta Santos León, directora de Asistencia Médica en la provincia, dejó clara la nueva lógica de supervivencia energética. Según explicó, los generadores no se encenderán para consultas rutinarias ni atenciones comunes. La frase, que rápidamente llamó la atención, resume la gravedad del escenario.

Desde la visión oficial, atender afecciones frecuentes no justificaría el gasto de combustible. La prioridad, insistió la funcionaria, es reservarlo para eventos de vida o muerte. Solo lo estrictamente crítico merece electricidad garantizada.

Así, patologías cotidianas quedan implícitamente relegadas a la incertidumbre del apagón. En un país donde enfermedades respiratorias, crisis asmáticas o infecciones son parte del día a día, el mensaje no pasó inadvertido entre los cubanos: la normalidad médica ya es un lujo energético.

Las restricciones también alcanzan a los medios diagnósticos. Los equipos para análisis y pruebas no estarán disponibles de manera continua, sino ajustados a ventanas muy limitadas. Santos León precisó que, en general, funcionarán apenas un par de horas en la mañana, siempre que el combustible lo permita.

La escena resulta tan surrealista como reveladora. Laboratorios y tecnologías médicas, símbolos de cualquier sistema de salud moderno, operando bajo el mismo principio que una planta eléctrica doméstica en medio de un apagón prolongado. La medicina, literalmente, a racionamiento de combustible.

En el caso del Programa Materno Infantil, las autoridades aseguran que los generadores sí se encenderán para estudios esenciales, como ultrasonidos, pero con una condición determinante: que exista combustible disponible. Una variable que, en la Cuba actual, nadie puede dar por segura.

El discurso oficial insiste en que se trata de ajustes temporales. Sin embargo, para la población, estas decisiones ya no suenan a excepción sino a rutina. Porque cuando la infraestructura sanitaria depende de reservas energéticas inestables, la precariedad deja de ser coyuntural y se convierte en sistema.

Más allá de la retórica administrativa, la realidad es difícil de maquillar. La falta de combustible no solo paraliza transporte o industria; ahora redefine la forma en que se presta atención médica. Y en ese contexto, la pregunta inevitable es incómoda: ¿qué queda realmente a salvo de la crisis estructural cubana?

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