Régimen continúa con su tono envalentonado y ahora advierten que las palabras «colapso, traicionar, renunciar» no están en su diccionario

Redacción

Desde Nueva York, el embajador cubano ante la ONU volvió a la partitura de siempre. Ernesto Soberón Guzmán aseguró que términos como colapso, traición o renuncia simplemente “no existen en el diccionario del pueblo cubano”, una frase que suena más a consigna que a diagnóstico.

Durante una entrevista, el diplomático defendió que la isla atraviesa una coyuntura “muy compleja”, pero insistió en que las verdaderas palabras que definen a Cuba son “resistencia” y “resiliencia”. El mensaje, calcado del libreto oficial, intenta proyectar firmeza en medio de una crisis que ya no admite maquillaje.

El argumento no es nuevo. La narrativa del poder en La Habana vuelve a colocar a Estados Unidos como causa única de todos los males, ignorando el desgaste interno, la ineficiencia crónica y décadas de decisiones económicas fallidas. Según Soberón, Washington mantendría una estrategia histórica para asfixiar al país mediante presiones económicas.

La retórica, sin embargo, tropieza con la vida diaria. Mientras el discurso habla de fortaleza, la realidad muestra apagones interminables, escasez estructural y un sistema productivo incapaz de sostener necesidades básicas. Para el cubano de a pie, esas palabras grandilocuentes poco alivian cuando falta comida, combustible o medicamentos.

Soberón apeló a la épica histórica, subrayando que Cuba ha resistido por más de seis décadas. Pero esa resistencia, repetida como mantra, convive con una economía que apenas respira y una emigración masiva que desangra al país.

En marcado contraste, desde Europa, Marco Rubio lanzó una crítica demoledora contra la cúpula cubana. El secretario de Estado estadounidense describió la crisis como el resultado directo de “un sistema político y económico roto”, señalando que el principal obstáculo para cualquier mejora es la obsesión del régimen por mantener el control absoluto.

Rubio fue al grano. Afirmó que quienes gobiernan la isla no saben cómo mejorar la vida de la población sin ceder poder, una idea que resume el dilema central del modelo cubano. Según su visión, la élite gobernante prefiere preservar su dominio antes que permitir una apertura real.

Las declaraciones reflejan dos universos paralelos. De un lado, la diplomacia cubana insiste en la resistencia heroica. Del otro, Washington apunta al agotamiento de un esquema que, tras décadas de centralización y controles rígidos, ha dejado a la nación atrapada en un estancamiento crónico.

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