Régimen pidió hasta viagra en el lote de ayuda humanitaria brindando por la presidenta de México a Cuba

Redacción

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La lista de medicamentos e insumos que Cuba pidió recibir desde México como parte de una colecta de ayuda humanitaria encendió las redes. Entre antibióticos, analgésicos y tratamientos cardiovasculares apareció un nombre que saltó a la vista: sildenafil de 50 mg, conocido mundialmente por su marca más popular.

El detalle no tardó en viralizarse. La solicitud figura dentro de la llamada “Colecta de Solidaridad con Cuba”, promovida por Morena tras el anuncio de un nuevo envío de asistencia a la isla. En teoría, un gesto humanitario. En la práctica, un nuevo foco de controversia política.

Según el documento que circuló en redes, la relación habría sido remitida por la Embajada de Cuba e incluye decenas de fármacos de uso hospitalario. Nada fuera de lo común en medio de la crisis sanitaria y energética que atraviesa el país… salvo el medicamento que todos identifican con otro tipo de uso.

Y ahí fue donde estalló el debate. Para muchos usuarios, la inclusión del sildenafil resultó desconcertante en un contexto donde faltan antibióticos básicos, anestesia y hasta insumos quirúrgicos en hospitales cubanos. La reacción fue inmediata, cargada de ironía y molestia.

Conviene aclarar algo que rara vez se menciona en la discusión pública. Aunque el sildenafil es famoso por su aplicación en la disfunción eréctil, también se emplea en tratamientos de hipertensión arterial pulmonar, una condición médica grave. Pero en el ecosistema digital, los matices suelen ser las primeras víctimas.

Más allá del fármaco, el volumen del pedido llamó igualmente la atención. La lista no se limita a pastillas. Incluye equipos médicos de alto costo, materiales clínicos, alimentos, productos de higiene y hasta recursos de iluminación. Una radiografía cruda de las carencias estructurales que el discurso oficial cubano intenta maquillar desde hace años.

La polémica, sin embargo, tomó otro rumbo en México. Numerosos internautas cuestionaron la iniciativa recordando la situación interna del propio país. En X, los comentarios reflejaron frustración y enojo, mezclando problemas de seguridad, desabastecimiento hospitalario y hartazgo social.

El trasfondo político es imposible de ignorar. Cada gesto hacia Cuba reabre viejas tensiones y alimenta sospechas. Para los críticos, estos movimientos funcionan más como señales ideológicas y simbólicas que como soluciones concretas a crisis humanitarias reales.

Mientras tanto, en Cuba, la escasez sigue marcando la rutina diaria. Apagones, farmacias vacías y hospitales en tensión forman parte del paisaje. En ese escenario, cualquier noticia vinculada a medicamentos —especialmente uno tan mediático— se convierte en combustible perfecto para la indignación.

El episodio vuelve a exponer una constante incómoda: la enorme distancia entre la narrativa política y la vida cotidiana. Porque en la isla, donde conseguir un simple analgésico puede ser una odisea, la discusión sobre cargamentos internacionales no suena a diplomacia… sino a supervivencia.

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