El precio del transporte interprovincial en Cuba pegó un salto que ha dejado a más de uno con la boca abierta. En cuestión de horas, moverse desde La Habana hacia las provincias orientales pasó de ser caro a rozar lo surrealista. Ciudadanos en redes sociales hablan de cifras que oscilan entre 15.000 y 25.000 pesos cubanos, y en algunos casos incluso más.
La explicación no sorprende a nadie dentro de la isla. La crisis de combustible sigue apretando sin piedad y el transporte estatal, cada vez más ausente, apenas logra sostener frecuencias. Cuando las guaguas desaparecen, el vacío lo llenan transportistas privados… y los precios se disparan sin freno.
En Facebook y otras plataformas, los testimonios se acumulan. Viajar largas distancias se ha convertido en una especie de subasta improvisada donde manda la escasez. La combinación es explosiva: poco combustible, mucha demanda y una población atrapada entre la necesidad y los bolsillos vacíos.
El activista Adelth Bonne Gamboa resumió la indignación que muchos sienten. Denunció públicamente que los viajes de La Habana a Oriente ya se mueven en rangos que hace nada parecían impensables. En los comentarios, otros usuarios soltaron cifras todavía más duras. Algunos hablan de 30.000 pesos por un solo asiento.
Pero el golpe no se limita a cruzar media isla. Dentro de La Habana la historia se repite con el mismo guion. Recorridos cotidianos, que antes eran relativamente manejables, ahora pesan como un castigo diario. Un usuario relató que pagó 600 CUP para desplazarse desde Boyeros y 1.000 CUP para llegar a Guanabo. El chofer, sin rodeos, le advirtió que quizás ni trabajaría al día siguiente por falta de combustible.
La escena se repite en distintos puntos del país. La incertidumbre manda. Hoy hay viaje, mañana nadie sabe. Cada salida depende más de la gasolina disponible que de la voluntad de trabajar. En Cuba, planificar un traslado ya parece ciencia ficción.
Como si los precios en moneda nacional no bastaran, también circulan tarifas en divisas. Algunos conductores piden entre 250 y 300 dólares por trayectos largos, una cifra que para la mayoría de los cubanos resulta sencillamente inalcanzable. Desde Sancti Spíritus, usuarios mencionan cobros que alcanzan los 400 dólares en determinados recorridos.
Detrás de esta escalada está el mismo problema estructural que golpea todos los sectores: la falta de combustible y el colapso del transporte público. Rutas suspendidas, trenes reducidos, servicios cancelados. El panorama no es nuevo, pero sí cada vez más crudo.
Las autoridades han reconocido en semanas recientes la aplicación de medidas de racionamiento y ajustes en el transporte. Sin embargo, en la calle la percepción es otra. Para muchos ciudadanos, el deterioro del sistema estatal ha dejado a la población a merced de precios que no guardan relación alguna con los salarios reales.
El resultado es un país donde moverse se vuelve un privilegio. Viajar por necesidad, visitar a la familia o resolver un trámite fuera de la provincia ya no es solo complicado. Es económicamente asfixiante.
Mientras la crisis energética siga marcando el ritmo, la ecuación parece condenada a repetirse. Menos combustible, menos transporte, más desesperación. Y, como siempre, la factura termina cayendo sobre la gente común, que ve cómo hasta el simple acto de trasladarse se convierte en otro lujo prohibido.







