Lis Cuesta se pone a gritar «¡Viva Cuba Libre!» en redes sociales mientras saca de contexto a José Martí en un video sobre la «libertad de pensamiento»

Redacción

Lis Cuesta, esposa del gobernante cubano Miguel Díaz-Canel, volvió a aparecer en redes sociales con un mensaje tan breve como llamativo. Sin contexto adicional ni explicaciones, publicó una frase que no pasó inadvertida: “¡Viva Cuba Libre!”.

El texto, acompañado por un video del Movimiento Juvenil Martiano, dejó más preguntas que respuestas. No hubo comentarios propios, reflexiones ni valoración alguna del contenido audiovisual. Solo la consigna, flotando en medio de un escenario político cada vez más cargado.

El material compartido gira alrededor de la figura de José Martí y el derecho a pensar, una idea recurrente en el discurso oficial. Sin embargo, el enfoque del video introduce un matiz polémico al marcar distancia entre el acto de pensar y lo que denomina “libertad de pensamiento”, un terreno donde el régimen históricamente ha impuesto límites estrictos.

La narrativa del video toma un giro directo hacia debates recientes en redes sociales, especialmente tras comentarios de cubanos que abogan por algún tipo de apoyo externo para provocar cambios políticos en la isla. El mensaje central es categórico: pedir intervención extranjera equivale a renunciar a la soberanía nacional.

Ese argumento, repetido durante décadas por la maquinaria ideológica del Estado, vuelve a colocarse en el centro de la conversación pública. La soberanía, el legado martiano y la resistencia frente a influencias externas reaparecen como ejes de una retórica que el gobierno ha utilizado de forma constante para blindar su posición.

La publicación de Cuesta, sin embargo, no estuvo exenta de críticas. Su actividad digital ha sido descrita por numerosos usuarios como irregular y carente de contenido propio. Predominan mensajes institucionales, reproducciones de discursos oficiales o simples consignas, sin señales de análisis personal.

El nuevo post emerge en un contexto especialmente tenso para Cuba. La isla enfrenta una crisis económica profunda, apagones prolongados, deterioro de servicios básicos y un aumento visible del malestar social. Dentro y fuera del país, la discusión política se ha intensificado, marcada por la presión internacional y el desgaste interno.

En este escenario, cualquier mensaje proveniente de figuras cercanas al poder adquiere una lectura inevitablemente política. Más aún cuando se recurre a expresiones cargadas de simbolismo histórico como “Cuba Libre”, una frase que en distintos momentos ha sido bandera de proyectos ideológicos opuestos.

Para muchos cubanos, la insistencia oficial en la soberanía convive con reclamos cada vez más urgentes sobre condiciones de vida, libertades y oportunidades. La distancia entre el discurso estatal y la experiencia cotidiana se ha convertido en un punto sensible del debate nacional.

Mientras tanto, el gobierno mantiene una postura rígida en áreas clave. Reformas estructurales, apertura política y transformaciones profundas siguen siendo líneas rojas dentro del aparato oficial. La narrativa de resistencia continúa dominando el lenguaje institucional.

En medio de esa realidad, la publicación de Lis Cuesta vuelve a alimentar conversaciones, ironías y cuestionamientos. Porque en la Cuba actual, incluso una frase de tres palabras puede convertirse en detonante de interpretaciones encontradas.

Y es que más allá de consignas y símbolos, la discusión de fondo persiste. ¿Qué significa realmente “Cuba Libre” en un país donde el debate sobre libertades y soberanía sigue tan lejos de resolverse?

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