Silvio Rodríguez volvió a pronunciarse sobre Cuba y, fiel a su estilo, lo hizo envuelto en reflexiones filosóficas que no tardaron en generar comentarios. Durante una visita a Chile, el trovador aseguró que la isla, de una forma u otra, siempre ha vivido en crisis, una afirmación que, lejos de sorprender, reactivó viejas discusiones.
En la entrevista concedida al Diario UdeChile, el cantautor apeló a un tono más abstracto que político. Sostuvo que imaginar un mundo regido por la piedad y el altruismo resulta “crítico –muy crítico—”, sugiriendo que esa tensión forma parte de la raíz de los problemas que enfrenta el país.
Más que un diagnóstico concreto, sus palabras sonaron a reflexión existencial. Una mirada amplia, casi poética, que evitó adentrarse en los detalles más ásperos de la realidad cubana actual, marcada por apagones prolongados, escasez y un deterioro económico difícil de disimular.
Rodríguez, sin embargo, dejó una frase que captó especial atención. Al referirse a la llamada Revolución, insistió en una idea que ya había deslizado antes: “quitarle la R”. Un juego lingüístico que muchos interpretaron como crítica velada, aunque formulada con la ambigüedad habitual de su discurso.
El músico no profundizó en explicaciones políticas ni estructurales. Prefirió mantenerse en el terreno simbólico, donde las palabras sugieren más de lo que afirman. Un estilo que para algunos refleja prudencia y para otros, evasión calculada.
En la conversación, Silvio también apeló a su refugio creativo. Aseguró que, mientras más sombrío se presenta el panorama, mayor es su impulso de crear belleza. Una postura que refuerza su identidad artística, pero que deja intactas las preguntas sobre su lectura del presente nacional.
El trovador se describió además como alguien afortunado, casi en tono confesional. Dijo sentirse privilegiado por su trayectoria y por un oficio que, según expresó, le ha permitido “seguir jugando”, asumiéndose como un niño perpetuo dentro del universo de la creación.
Pero el debate sobre Silvio Rodríguez y Cuba no nace de esta entrevista. Meses atrás, en marzo de 2025, el cantautor publicó un texto titulado “Otro ojalá”, que provocó un notable revuelo en redes sociales y círculos políticos.
En aquel escrito, Rodríguez manifestó inquietud por lo que percibía como una erosión del sentido de dignidad nacional. Sus palabras, cargadas de sutileza, apuntaban al contraste entre la retórica oficial y las imágenes de lujo y derroche exhibidas en eventos como el Festival del Habano.
Aunque la crítica no mencionaba nombres propios, la lectura política fue inmediata. Muchos vieron en el texto una alusión indirecta al entorno del poder, una incomodidad que desató respuestas desde los espacios oficiales.
La reacción del aparato comunicacional del gobierno no se hizo esperar. Voces cercanas al Ejecutivo salieron a defender la narrativa institucional, dejando en evidencia la sensibilidad que todavía generan incluso las críticas más moderadas provenientes del ámbito cultural.
El episodio dejó una sensación difícil de ignorar. Incluso dentro de sectores históricamente alineados con el discurso oficial, comienzan a aflorar matices, dudas y gestos de distanciamiento, aunque formulados con extrema cautela.
Las recientes declaraciones de Silvio en Chile vuelven a moverse en ese mismo terreno. Un lenguaje cargado de metáforas, donde la reflexión estética y filosófica convive con una realidad nacional que muchos cubanos describen sin adornos.







