El gobierno cubano volvió a sacar el libreto este martes. Según la versión oficial, los donativos enviados recientemente por México estarán dirigidos a niños, adultos mayores y otros grupos vulnerables. Un anuncio que, en otro contexto, sonaría tranquilizador. Pero en Cuba, ya tú sabes, cada promesa institucional viene con su nube de desconfianza.
La nota del Ministerio de Comercio Interior apareció justo en medio del runrún ciudadano. No es casual. Desde hace años, los cubanos arrastran un historial de dudas sobre el destino real de la ayuda internacional. La falta de transparencia en la distribución de donativos se ha convertido en un tema recurrente, sobre todo tras emergencias y desastres naturales.
De acuerdo con la información divulgada, la carga —compuesta por alimentos y productos de aseo— fue recibida en La Habana. La entrega a las provincias seleccionadas, aseguran, comenzará de manera gradual. Palabra clave en el discurso oficial: gradual. Otra palabra que en la práctica suele traducirse en demoras, escasez y explicaciones que nunca terminan de cuadrar.
Las autoridades indicaron que los beneficiarios estarán en Artemisa, La Habana, Mayabeque y la Isla de la Juventud. Lo que no quedó claro fue el criterio detrás de esa selección. ¿Por qué solo esos territorios? Silencio. Una omisión que inevitablemente alimenta las sospechas en un país donde las decisiones administrativas rara vez se explican con claridad.
El MINCIN insistió en que la prioridad será para menores de hasta 13 años, personas mayores de 65, embarazadas y niños con bajo peso o talla. También mencionaron a familias en situación vulnerable. Sobre el papel, todo suena impecable. En la realidad cotidiana del cubano de a pie, la pregunta es otra: ¿llegarán realmente esos productos a quienes los necesitan?
El anuncio llega en un momento especialmente delicado. La escasez de alimentos y artículos básicos golpea con fuerza, sin maquillaje posible. Conseguir jabón, leche o cualquier producto esencial se ha vuelto una odisea. Y cuando la supervivencia depende de colas interminables, la fe en los mecanismos estatales no es precisamente abundante.
Desde México, mientras tanto, también hubo declaraciones que no pasaron inadvertidas. La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que, al menos por ahora, su país no enviará petróleo a Cuba. La ayuda humanitaria, eso sí, continuará. Un matiz importante que deja entrever que incluso los aliados más cercanos ajustan su postura frente a la crisis cubana.
Durante su habitual comparecencia ante la prensa, la mandataria mexicana señaló que su gobierno mantendrá el envío de alimentos y otros insumos solicitados por La Habana. Sin embargo, el tema energético queda fuera de la ecuación inmediata. Combustible no, asistencia humanitaria sí. Una línea que marca distancia en medio de un panorama económico cada vez más asfixiante para la Isla.







