El régimen cubano se sacó de la manga otra pieza de su propaganda clásica, tratando de convertir en épica una de las jornadas más incómodas y dolorosas de su presencia militar en Venezuela. El pasado 3 de enero murieron 32 militares cubanos durante la operación estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro. En lugar de ofrecer transparencia o hacer autocrítica, la dictadura montó un acto político en La Habana para glorificar lo que muchos ven como un desastre militar disfrazado de épica revolucionaria.
Este martes, la Dirección General de Investigación Criminal del MININT organizó un encuentro oficial con cuatro integrantes de la Dirección de Seguridad Personal que sobrevivieron a aquella ofensiva estadounidense. La intención era clara: presentar a esos sobrevivientes como supuestos “combatientes” que enfrentaron la “agresión yanqui” y pintarlos como héroes indómitos. Todo un ejercicio de manipulación que mezcla dolor real con retórica vacía.
Según la publicación oficial en Facebook de Minint Hoy, el acto incluyó un minuto de silencio por los 32 cubanos fallecidos en Venezuela y la proyección de un audiovisual titulado Honor y Gloria, producido por la Dirección Política del organismo. Palabras que, en manos del aparato propagandístico, buscan edulcorar una derrota estratégica y política de enormes consecuencias.
Durante el evento, los presentes redoblaron las consignas confrontacionales contra Washington, reafirmando, según el parte oficial, su compromiso de defender “hasta la última gota de sangre” las supuestas conquistas de la Revolución. Frases grandilocuentes que contrastan brutalmente con la realidad de un régimen que no puede garantizar ni electricidad ni alimentos a su población.
El discurso central estuvo a cargo del Primer Coronel Aldo Valdez Quijano, quien exaltó a los sobrevivientes asegurando que su conducta fue muestra del “coraje del pueblo cubano”. Según él, aunque se enfrentaron a un enemigo “muy superior en armamento y en hombres”, su moral fue más fuerte. Nada menos que la vieja narrativa de unidad y resistencia que el régimen repite una y otra vez, como un mantra desgastado.
Lo verdaderamente revelador es lo que estas escenas esconden detrás del escenario. Las 32 muertes de militares cubanos en Venezuela pusieron en evidencia algo que la dictadura llevaba años negando: la presencia directa de fuerzas del MININT y las FAR en operaciones de seguridad fuera de la Isla. A pesar de las reiteradas negaciones públicas del propio gobierno cubano, ahora el régimen se ve obligado a reconocer estas pérdidas y a crear una historia oficial que lo maquille como un acto de heroísmo revolucionario.
En un país donde la información es controlada y la verdad se deforma al antojo del aparato estatal, este tipo de actos sirven más como herramientas de propaganda que como reflejo de un acontecimiento real. El uso de terminología bélica y exaltación de sacrificios —mientras la población enfrenta apagones diarios, crisis económica, y represión política— revela las prioridades retóricas de quienes gobiernan: forjar una imagen de fortaleza que no existe en la práctica.
Lo que para el régimen es un símbolo de resistencia, para muchos cubanos es un recordatorio doloroso de cómo la maquinaria del poder utiliza vidas humanas para construir narrativas útiles a su supervivencia política, no a la verdad ni al bienestar del pueblo.







