Régimen premia con plantas eléctricas y paneles solares a sus viejos «héroes del trabajo» para que sigan defendiendo la Revolución en medio de los apagones

Redacción

Más de 200 Héroes y Heroínas del Trabajo en Cuba comenzaron a recibir sistemas fotovoltaicos en sus casas, según la narrativa oficial. La medida, presentada como respuesta a la crisis energética, llegó envuelta en el habitual celofán propagandístico. Pero en la calle, donde los apagones marcan la rutina, el anuncio suena menos épico y más simbólico.

La Televisión Cubana fue la encargada de amplificar la noticia. Habló de un plan ambicioso, de esos que en papel lucen redondos, con la promesa de alcanzar a más de 10.000 trabajadores mediante equipos compactos de energía solar. El objetivo declarado: amortiguar los cortes eléctricos que tienen al país en modo supervivencia.

Las cifras oficiales intentan transmitir eficiencia. De los 208 Héroes del Trabajo reconocidos en la isla, ya se habrían instalado 138 sistemas. Traducido al lenguaje burocrático, eso representa poco más del 63 % de ejecución. Traducido al lenguaje popular, la pregunta cae sola: ¿y el resto del país qué?

Los equipos, según el propio reporte, no son precisamente una revolución doméstica. Incluyen un panel solar, cableado básico y una batería con salida de 1.200 watts. En teoría permiten sostener refrigeradores, ventiladores, televisores y algunas luces. En la práctica, un alivio limitado que dista mucho de cubrir las demandas reales de un hogar cubano.

Detrás del montaje aparece Copextel, empresa estatal habitual en este tipo de operaciones tecnológicas. Nada fuera del guion. Lo curioso no es quién instala, sino cómo se financia. Las autoridades hablaron de “facilidades de pago”, ya sea en efectivo, por tarjeta o con ayuda familiar. Es decir, el beneficiado no solo recibe el módulo… también paga por él.

Ahí es donde la retórica oficial empieza a hacer agua. En medio de salarios erosionados por la inflación y una economía doméstica asfixiada, vender la energía como privilegio financiable parece más un negocio que una política social. Ni regalo ni solución estructural, sino otro parche con etiqueta optimista.

El programa no se limita a los Héroes del Trabajo. También se extiende a miles de núcleos familiares de trabajadores en todo el país. La Televisión habló de cerca de 8.000 sistemas ya operativos. Mientras tanto, la realidad energética sigue marcada por apagones prolongados, déficit de combustible y una infraestructura que cruje por todas partes.

Como era previsible, la iniciativa también salpica a sectores estratégicos. Maestros y médicos “seleccionados” figuran entre los nuevos destinatarios. La palabra clave no es casual. Seleccionados. Escogidos. Filtrados. Una lógica de distribución que recuerda viejas prácticas de racionamiento disfrazadas de modernización.

El problema de fondo no desaparece con paneles aislados. Cuba enfrenta una crisis energética profunda, vinculada a deterioro tecnológico, falta de inversiones reales y una dependencia crónica de recursos que simplemente no llegan. Pero el discurso oficial insiste en soluciones fragmentadas que apenas maquillan el colapso.

Mientras algunos reciben módulos solares bajo condiciones de pago, millones de cubanos continúan atrapados en la misma rutina de apagones, calor sofocante y electrodomésticos inertes. El contraste es inevitable. La crisis no distingue discursos, pero las “soluciones” sí distinguen beneficiarios.

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