Bruno Rodríguez repite la misma muela y dice que hay cubanos en el exterior que “se ponen del lado de la Patria” pese a diferencias políticas

Redacción

En medio de la tormenta que atraviesa Cuba, el canciller del régimen, Bruno Rodríguez Parrilla, decidió sacar pecho en redes y agradecer a aquellos cubanos que, según él, “más allá de sus diferencias políticas” cierran filas con el discurso oficial en tiempos difíciles.

Desde su cuenta en X, el ministro celebró lo que describió como gestos de respaldo provenientes de la emigración. Habló de mensajes solidarios y hasta de ayudas materiales que, en sus palabras, habrían llegado desde distintos rincones del mundo.

Rodríguez insinuó incluso que varios cubanos residentes en Estados Unidos habrían mostrado apoyo, aunque —siempre según su versión— actuando con “cautela y discreción” por el supuesto clima hostil que enfrentarían allí. Un argumento que, como suele ocurrir, encaja perfectamente en la narrativa victimista del aparato oficial.

Pero mientras el canciller repartía agradecimientos virtuales, la realidad en el extranjero pintaba un cuadro muy distinto.

Durante una reciente escala en Madrid, previa a un encuentro con el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, Rodríguez se topó con un recibimiento menos diplomático y mucho más visceral.

Un grupo de activistas cubanos lo esperó para lanzarle duras consignas. “¡Queremos a Cuba libre!”, “¡Sinvergüenza!”, “¡Asesino!”. Las imágenes circularon rápidamente y reflejaron un malestar que ya no se disimula ni se maquilla.

La escena dejó en evidencia el contraste que persigue a la dirigencia cubana fuera de la isla. Mientras los funcionarios hablan de unidad y respaldo, crecen las voces que les recuerdan, a grito limpio, la precariedad y el desencanto que marcan la vida cotidiana en Cuba.

El encuentro con Albares, confirmado por fuentes diplomáticas, se produjo tras la visita oficial de Rodríguez a China. Otro viaje en la larga agenda internacional del canciller, que intenta mover fichas en busca de oxígeno político y económico para un sistema cada vez más asfixiado.

Porque si algo resulta imposible de ignorar es el contexto. Cuba continúa atrapada en una crisis profunda, con apagones interminables, escasez crónica y una economía que no levanta cabeza.

En paralelo, Moscú volvió a escenificar su tradicional respaldo. En el Kremlin, Vladímir Putin reiteró que Rusia “siempre estará al lado de La Habana”, arremetiendo contra las sanciones estadounidenses y reivindicando la alianza histórica entre ambos gobiernos.

Rodríguez, por supuesto, devolvió las cortesías. Agradeció la solidaridad rusa con el tono predecible de la diplomacia cubana, esa que habla de resistencia y dignidad mientras la isla sigue acumulando carencias.

Entre declaraciones solemnes y protestas en el extranjero, la figura del canciller vuelve a quedar atrapada en una paradoja incómoda.

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