Intensifican desde Miami campaña para pedir que Raúl Castro pague por su responsabilidad en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate

Redacción

Tres décadas han pasado, pero en Miami la herida sigue fresca. A 30 años del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el reclamo vuelve a resonar con fuerza: justicia para las cuatro vidas truncadas en 1996. No es solo memoria histórica. Es una deuda que el exilio considera intacta.

El acto conmemorativo en el sur de la Florida reunió a legisladores cubanoamericanos y familiares de las víctimas. El episodio recordado ocurrió el 24 de febrero de 1996, cuando dos avionetas Cessna civiles fueron derribadas por cazas cubanos durante una misión humanitaria en el Estrecho de la Florida. Aquella jornada marcó un antes y un después en la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Los nombres de Mario de la Peña, Carlos Costa, Armando Alejandre Jr. y Pablo Morales siguen siendo pronunciados con respeto y dolor. Tres ciudadanos estadounidenses y un residente permanente que nunca regresaron. Sus cuerpos jamás fueron recuperados. Un detalle que agrava la tragedia y prolonga el duelo.

Para los familiares, el paso del tiempo no ha diluido la exigencia. Los padres de Mario de la Peña lo describen como un joven solidario, piloto voluntario, comprometido con la búsqueda de balseros cubanos. Historias de vocación humanitaria que contrastan brutalmente con la violencia del desenlace.

El recuerdo no es abstracto. Testimonios y grabaciones de la época siguen circulando como evidencia de la crudeza del incidente. Fragmentos de comunicaciones militares cubanas, ampliamente divulgados durante años, permanecen grabados en la memoria colectiva del exilio.

La carga emocional fue evidente durante la conmemoración. Treinta años de duelo convertidos en una frase recurrente entre los familiares: la justicia sigue pendiente. No se trata solo de castigo, sino de reconocimiento histórico y responsabilidad política.

Desde el ámbito legislativo, las declaraciones mantuvieron un tono firme. Congresistas cubanoamericanos reiteraron que existen elementos suficientes para señalar responsabilidades en la cadena de mando cubana de la época. El foco vuelve, inevitablemente, hacia la figura de Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas.

El mensaje político es directo. La exigencia no apunta a la retórica diplomática, sino a la posibilidad de procesos judiciales. Voces del exilio insisten en que el caso no pertenece al pasado cerrado, sino a un expediente moral y legal aún abierto.

En redes sociales, varios legisladores reforzaron esa postura. Las referencias al espacio aéreo internacional, la naturaleza civil de las aeronaves y el carácter humanitario de la misión reaparecen como ejes centrales del debate. Narrativas que han acompañado el caso durante décadas.

El contexto geopolítico añade otra capa de complejidad. Las tensiones entre Washington y La Habana atraviesan nuevos ciclos, y dentro del exilio persiste la percepción de que existen condiciones políticas más favorables para reactivar reclamos históricos.

Sin embargo, más allá del terreno diplomático, el núcleo del asunto sigue siendo humano. Familias que jamás obtuvieron cierre emocional. Nombres que no se borran. Historias congeladas en una fecha que todavía provoca escalofríos en la comunidad cubana del sur de la Florida.

El derribo de Hermanos al Rescate no fue un episodio menor. Se convirtió en símbolo, en punto de inflexión, en recordatorio permanente de la naturaleza confrontacional del régimen cubano frente a iniciativas vinculadas al exilio.

Treinta años después, la conmemoración demuestra que el tiempo no siempre cicatriza. A veces solo acumula silencios oficiales y frustraciones prolongadas. La memoria, en este caso, funciona también como acto de resistencia.

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