Alexander Otaola no se tragó el cuento. El influencer cubano reaccionó con abierto escepticismo a las versiones que hablan de supuestas conversaciones entre Marco Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”. Su postura fue directa, sin rodeos y cargada del estilo que lo caracteriza.
Durante su programa, Otaola dejó claro que la historia no le cuadra. A su juicio, resulta poco creíble que una estructura tan seria como el Departamento de Estado sostenga negociaciones relevantes con una figura que él considera carente de peso real dentro del engranaje del poder cubano.
El comentario no fue tibio. Otaola cuestionó frontalmente la lógica de la supuesta interlocución, insistiendo en que cualquier canal de diálogo genuino tendría que pasar por quienes realmente deciden en La Habana. Hablar con intermediarios simbólicos, sugirió, no tendría sentido estratégico.
En su análisis, el presentador planteó una distinción clave. Si las conversaciones condujeran, aunque fuera indirectamente, hacia Raúl Castro, la lectura sería diferente. Pero situar a El Cangrejo como figura central del proceso le resulta, según expresó, completamente inverosímil.
Otaola defendió su criterio apoyándose en años de comentarios públicos sobre el nieto de Raúl Castro. Desde su perspectiva, la imagen que proyecta Rodríguez Castro no encaja con el perfil de un actor decisivo en escenarios políticos de alto nivel.
Las afirmaciones de Axios, que atribuyen a El Cangrejo cierta reputación dentro de GAESA, tampoco convencieron al influencer. Otaola rechazó esa interpretación y sugirió que la posición del personaje responde más a vínculos familiares que a autoridad real dentro del conglomerado militar.
En su discurso emergió además una hipótesis de fondo. Otaola deslizó la idea de que la circulación de estas versiones podría responder a maniobras políticas dirigidas a erosionar la imagen de Marco Rubio ante la comunidad cubana en el sur de la Florida.
Según su lectura, la filtración tendría un objetivo claro: generar desconfianza, sembrar dudas y alimentar narrativas adversas. No como revelación diplomática, sino como herramienta de desgaste político, insinuó.
El influencer insistió en que la historia carece de consistencia lógica. A su entender, resulta difícil imaginar que decisiones de alcance nacional en Cuba dependan de figuras que, en su opinión, no poseen influencia real dentro de la estructura militar o política del régimen.
Más allá del tono, el planteamiento de Otaola conecta con un clima de incertidumbre que domina buena parte del debate público. Rumores, filtraciones y especulaciones han ocupado espacios informativos sin que exista confirmación oficial clara desde Washington o La Habana.
En ese contexto, las reacciones mediáticas adquieren peso propio. Cada declaración, cada desmentido o cada duda pública alimenta un ecosistema donde la falta de información verificable multiplica interpretaciones.
La postura de Otaola refleja precisamente esa dinámica. No se presenta como validación ni como refutación definitiva, sino como una lectura crítica que cuestiona la plausibilidad política del relato en circulación.
Mientras tanto, las autoridades cubanas mantienen silencio y las instituciones estadounidenses no han emitido aclaraciones detalladas. El vacío informativo continúa siendo el principal combustible del debate.







