Casi 10 mil trabajadores de los hoteles de Cayo Santa María se quedan sin empleo tras el cierre de este polo turístico por la escasez de combustible

Redacción

Desde Villa Clara llega una denuncia que pinta un panorama demoledor. No es un rumor de pasillo ni un comentario suelto en redes. Es el testimonio directo de un trabajador vinculado al polo turístico de Cayo Santa María, un destino que hoy luce más cerca del apagón que del auge prometido.

La alerta, enviada bajo condición de anonimato por miedo a represalias —un clásico en la Cuba actual—, describe una decisión que ha sacudido a miles de familias: el cierre de prácticamente toda la planta hotelera del cayo.

Según la denuncia, la empresa Gaviota, columna vertebral del emporio militar GAESA, habría bajado la santamaría a los 20 hoteles del destino, dejando apenas operativo el Paradisus Los Cayos y con una ocupación mínima. Traducido al cubano de a pie: un gigante turístico convertido en pueblo fantasma.

El detonante, aseguran, no sorprende a nadie que siga la crisis del sector. La cancelación de vuelos de aerolíneas canadienses como Sunwing, Air Canada y Air Transat terminó de hundir un turismo que ya venía cojeando. Menos turistas, menos ingresos. Menos ingresos, más cierres.

Pero el drama real no está en los hoteles vacíos, sino en la gente.

Más de 7.000 trabajadores con contratos cíclicos indeterminados habrían sido enviados a “interrupción laboral”. Una expresión elegante que, en la práctica, significa incertidumbre total y bolsillos en emergencia. Sin salario garantizado. Sin horizonte claro.

El trabajador que denunció la situación lo resume sin maquillaje: Recursos Humanos ya tendría la orden de aplicar la medida y no existiría capacidad real de reubicación. Ni en el cayo, donde el sector privado es inexistente, ni en los municipios cercanos, donde el empleo escasea tanto como el combustible.

El contraste con el discurso oficial resulta brutal.

Mientras las autoridades repiten que ningún trabajador quedará desamparado, la realidad descrita desde el terreno apunta a algo muy distinto: miles de personas atrapadas en un limbo económico, dependiendo de soluciones que nunca llegan o que llegan tarde.

El problema adquiere un matiz aún más crudo si se mira quién controla el escenario. Cayo Santa María no es un ecosistema laboral diverso. Es un enclave prácticamente monopolizado por Gaviota. Sin Mipymes. Sin alternativas privadas. Sin red de contención.

Cuando el turismo se derrumba, no hay plan B.

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