Embajador de EEUU en La Habana sostiene encuentro de alto nivel en el Vaticano para tratar el tema de Cuba

Redacción

Roma volvió a convertirse en escenario de movimientos diplomáticos con Cuba como telón de fondo. Este viernes, representantes del Gobierno estadounidense sostuvieron encuentros en la capital italiana con altas autoridades del Vaticano y diplomáticos latinoamericanos, en medio de la prolongada crisis que golpea a la isla.

El foco de las conversaciones fue claro: la situación política, económica y social de Cuba, un país atrapado entre apagones, escasez y un desgaste estructural que ya nadie puede maquillar con discursos oficiales.

Mike Hammer, encargado de Negocios de Estados Unidos en La Habana, junto al embajador ante la Santa Sede, Brian Burch, se reunió con monseñor Paul Richard Gallagher, responsable de las Relaciones con los Estados del Vaticano. No fue un simple saludo protocolar. El contexto cubano pesó —y mucho— en la agenda.

Desde canales oficiales, Washington dejó entrever su postura. Se habló del respaldo de la Administración de Donald Trump a “las aspiraciones del pueblo cubano de vivir en libertad”, una frase que, traducida al lenguaje geopolítico, suena a presión diplomática sin rodeos.

Pero más allá del lenguaje diplomático, hay una realidad imposible de esconder. Cuba atraviesa una tormenta perfecta donde la economía no despega, los servicios colapsan y la emigración vacía barrios enteros. En ese escenario, la Iglesia Católica emerge como uno de los pocos actores con presencia real en el tejido social.

Ese punto no pasó inadvertido en Roma. Durante las reuniones se reconoció el peso creciente de la Iglesia en la asistencia humanitaria y el acompañamiento social, algo que contrasta con la ineficiencia crónica de las instituciones estatales cubanas, cada vez más desconectadas de las urgencias cotidianas.

Hammer y Burch también intercambiaron con embajadores latinoamericanos acreditados ante la Santa Sede. El mensaje fue similar: explorar espacios de cooperación y analizar cómo articular apoyos en un país donde la crisis dejó de ser coyuntural para convertirse en norma.

Otro encuentro relevante tuvo lugar con directivos de Caritas Internationalis. Allí se abordaron mecanismos de ayuda humanitaria, una cuestión especialmente sensible cuando la escasez de alimentos y medicamentos se ha vuelto parte del paisaje diario en Cuba.

Mientras tanto, La Habana continúa aferrada a su narrativa de resistencia eterna. El régimen insiste en culpar a factores externos, pero evita explicar por qué, tras más de seis décadas de control absoluto, la nación sigue dependiendo de donaciones y auxilios para sostener servicios básicos.

En paralelo, el papa León XIV ha reiterado llamados al diálogo. Un gesto habitual de la diplomacia vaticana, aunque muchos cubanos se preguntan —con razón— cuántos años más puede sobrevivir un país en permanente “situación excepcional”.

Las reuniones en Roma dejan algo claro: Cuba vuelve a ocupar espacios de preocupación internacional, no por su peso económico, sino por el deterioro sostenido de las condiciones de vida de su gente.

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