Congresista Mario Díaz-Balart asegura que Trump no tolerará una represión violenta en Cuba si estallan protestas: «Habría respaldo»

Redacción

Las palabras del congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart volvieron a poner el foco sobre un escenario que en Cuba nunca deja de ser sensible. Durante una entrevista televisiva, el legislador planteó una hipótesis tan inquietante como reveladora: una eventual explosión social masiva y la reacción del régimen ante ella.

El planteamiento no fue tímido. Díaz-Balart sugirió que, si los cubanos salieran de forma masiva a las calles y la respuesta estatal derivara en una represión letal, la situación tendría consecuencias de gran peso político. En su valoración, una escalada hacia la violencia extrema “no sería aceptada” por la actual administración estadounidense.

El legislador insistió en que un escenario de asesinatos de civiles colocaría al régimen cubano en una posición internacional aún más comprometida. Más allá de la retórica, el mensaje apuntó a una lectura clara: Washington observa de cerca la dinámica interna de la Isla.

La comparación con etapas anteriores no pasó inadvertida. Díaz-Balart contrastó el momento actual con la reacción de Estados Unidos durante las protestas de 2021. Según su visión, el contexto político en Washington hoy sería distinto, con una actitud más atenta y menos pasiva frente a eventuales crisis en Cuba.

Dentro de su análisis, el congresista describió como plausible una reacción social marcada por el agotamiento ciudadano. Habló de una población que podría desbordar el miedo acumulado durante décadas y reclamar cambios de manera frontal. Una posibilidad que, de materializarse, podría generar tensiones impredecibles.

En ese marco, subrayó un punto institucional clave. Recordó que la decisión sobre cualquier acción militar estadounidense recae exclusivamente en el presidente de Estados Unidos. Sin embargo, reiteró su convicción de que Donald Trump no toleraría una represión sangrienta contra manifestantes en Cuba.

La lectura regional también ocupó espacio en sus declaraciones. Díaz-Balart agrupó a Cuba, Venezuela y Nicaragua dentro de un mismo eje autoritario, describiéndolos como parte de un entramado político que, a su juicio, desafía la estabilidad democrática del hemisferio. Una narrativa alineada con el discurso más duro de Washington hacia esos gobiernos.

Sobre Venezuela, el legislador apuntó a un proceso que, según su interpretación, avanzaría hacia una transición política. No lo presentó como un desenlace inmediato ni garantizado, sino como una trayectoria frágil que dependería del mantenimiento de presiones internacionales.

El núcleo de su mensaje hacia Cuba giró en torno a las condiciones para cualquier eventual alivio de sanciones. Reiteró que la legislación estadounidense, en su criterio, establece parámetros estrictos. Hablar de flexibilizaciones sin transformaciones políticas profundas sería, en esa lógica, inviable.

La conversación derivó además hacia temas históricos que siguen generando controversia. Díaz-Balart evocó el caso de Hermanos al Rescate, señalando que se mantienen gestiones para revisar responsabilidades y posibles acciones judiciales. Un episodio que continúa siendo símbolo de tensiones no resueltas en la relación bilateral.

No faltó la mención al papel del secretario de Estado Marco Rubio. El congresista destacó su influencia en la política hemisférica y lo describió como una figura con conocimiento profundo de la región. Una valoración que refleja el peso que ciertos actores cubanoamericanos mantienen dentro del debate político estadounidense.

Hacia el cierre, Díaz-Balart insistió en una idea que resuena con fuerza dentro y fuera de la Isla. Afirmó que el desenlace político cubano podría estar más próximo de lo que muchos creen, apoyándose en lo que describió como debilidad estructural del régimen y agotamiento social acumulado.

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