Las declaraciones de la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar volvieron a encender el debate sobre Cuba. En una entrevista televisiva, la legisladora defendió la política de presión de Estados Unidos hacia el régimen y puso sobre la mesa un tema que conecta directamente con millones de familias: el costo humano de la crisis en la Isla.
Durante la conversación, Salazar reconoció sin rodeos la dureza del escenario. Habló del sacrificio de los cubanos dentro del país, de la angustia de quienes tienen parientes al otro lado del estrecho y de la carga emocional que implica ver el deterioro constante de las condiciones de vida.
La congresista utilizó una imagen potente para describir el momento político. Comparó el proceso cubano con un parto, sugiriendo que la libertad no es una idea lejana, sino algo que —según su visión— ya se encuentra en fase de nacimiento. Un mensaje cargado de simbolismo y optimismo político.
El tono no fue tímido. Salazar insistió en que el cambio no solo está en camino, sino prácticamente consumado. La frase que más resonó en redes fue su afirmación de que la libertad “ya llegó”, aunque todavía —dijo— se atraviesa una etapa de formalidades.
En el mismo espacio, el congresista Carlos Giménez reforzó la narrativa. Aseguró que los días del régimen cubano están contados y dejó caer una expresión que rápidamente circuló en plataformas digitales: la idea de un futuro cercano en una Habana distinta.
Las palabras de ambos políticos se producen en un contexto especialmente tenso. Washington mantiene una postura de fuerte presión sobre La Habana, mientras Cuba atraviesa una de las peores crisis económicas y energéticas de su historia reciente.
Apagones prolongados, escasez de combustible y un deterioro visible en sectores básicos han marcado la vida cotidiana de los cubanos. En ese escenario, cualquier mensaje sobre cambios políticos despierta reacciones intensas, tanto dentro como fuera de la Isla.
Salazar también aludió al drama familiar que atraviesa a la comunidad cubana. La separación, las remesas, la preocupación constante por quienes permanecen en Cuba. Un entramado emocional que convierte la política en un asunto profundamente personal para muchos.
El mensaje compartido posteriormente en redes sociales reforzó esa línea. La congresista subrayó que comprende el sacrificio de las familias cubanas y reiteró su convicción de que el sistema político en la Isla atraviesa una etapa final.
Como era de esperar, las reacciones no se hicieron esperar. Para algunos, las palabras representan esperanza. Para otros, generan escepticismo, sobre todo en un país donde las promesas de transformación han sido históricamente esquivas.







