El Gobierno cubano vuelve a mover fichas en medio del caos energético. El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, anunció la puesta en marcha de TRANSMED, una nueva entidad estatal diseñada exclusivamente para garantizar la movilidad del sector de la Salud. Otra empresa creada a golpe de crisis, en un país donde la escasez de combustible ya desarticula buena parte de la vida cotidiana.
La inversión no es menor. Más de cinco millones de dólares destinados a una flota inicial que comenzará operaciones en La Habana. Veinticinco ómnibus de combustión y nueve microbuses eléctricos conforman la primera etapa de un proyecto que el propio discurso oficial presenta como solución urgente.
El argumento es conocido. Priorizar al personal sanitario ante las “serias limitaciones” del transporte público. Una formulación elegante para describir un sistema que, en la práctica, lleva años arrastrando deterioro, falta de piezas y ahora una crisis de combustible que lo tiene contra las cuerdas.
TRANSMED nace con rutas que conectarán hospitales y corredores estratégicos dentro de la capital. La idea es asegurar que médicos, enfermeros y técnicos puedan llegar a sus centros de trabajo en medio de apagones, recortes y una movilidad urbana cada vez más precaria.
Pero incluso en el anuncio oficial asoma la contradicción. El ministro reconoció que el servicio arranca bajo la misma sombra que paraliza al resto del país: la vulnerabilidad en el suministro de combustible. Es decir, la solución también depende de un recurso que escasea.
Para la población general, el acceso será casi anecdótico. Los ómnibus solo podrán recoger pasajeros durante trayectos de posicionamiento o retorno a la base, con un precio fijado en veinte pesos. Un alivio marginal en medio de un transporte público colapsado.
Mientras tanto, en barrios habaneros, las colas en las paradas y la incertidumbre diaria continúan marcando la rutina. La creación de una empresa exclusiva para un sector específico refuerza la percepción de un país que funciona por prioridades administrativas, no por soluciones estructurales.
El plan no se limita a la capital. Se anunció la entrega de microbuses y furgones eléctricos a las provincias, operados por entidades locales bajo la misma lógica: garantizar la movilidad sanitaria en un escenario donde la falta de combustible redefine todas las dinámicas.
El detalle energético tampoco pasa inadvertido. Para sostener la operación de los vehículos eléctricos, las autoridades hablan de acelerar la instalación de paneles solares. Una medida que, aunque necesaria, evidencia la fragilidad del sistema electroenergético nacional.
La paradoja es difícil de ignorar. Se incorporan medios eléctricos en un país sacudido por apagones crónicos. Se reorganiza el transporte en medio de un déficit energético que afecta desde hospitales hasta servicios básicos.
En el fondo, TRANSMED emerge como otro síntoma de una crisis más amplia. La escasez de combustible en Cuba no solo impacta la movilidad. También expone la incapacidad del modelo estatal para sostener servicios esenciales sin recurrir a medidas de emergencia constantes.
El discurso oficial insiste en presentar estas iniciativas como avances organizativos. Sin embargo, para muchos cubanos, la escena refuerza una sensación cada vez más extendida: parches administrativos frente a problemas estructurales que no dejan de agravarse.







