Otra vez el aeropuerto de La Habana vuelve a ser escenario de un intento fallido de tráfico de drogas. Esta vez, la sustancia no venía escondida en dobles fondos ni en compartimentos secretos de maletas sofisticadas, sino dentro de algo mucho más cotidiano: pomos y una botella de ron. Sí, como si se tratara de simples artículos de uso común.
La operación fue reportada por la Aduana General de la República tras un operativo en el Aeropuerto Internacional José Martí. Allí, durante los controles habituales, oficiales detectaron cocaína oculta en tres pomos y una botella de ron que formaban parte del equipaje de dos pasajeros que viajaban juntos en el mismo vuelo.
El anuncio lo hizo el Vicejefe Primero de la Aduana, Wiliam Pérez González, a través de su cuenta en la red social X. Según detalló, la droga estaba cuidadosamente escondida en estos envases aparentemente inofensivos. Sin embargo, no se ofrecieron datos sobre la procedencia del vuelo, la identidad de los implicados ni el peso exacto de la sustancia incautada.
Como suele ocurrir en este tipo de comunicados oficiales, la información fue puntual y sin mayores detalles. La Aduana se limitó a señalar que el caso confirma que “persiste la intencionalidad de intentar introducir drogas hacia el territorio nacional”. Es decir, que los intentos no cesan.
En su publicación en Facebook, la institución también destacó el trabajo conjunto con el Órgano de Enfrentamiento Especializado Antidrogas, subrayando la política de tolerancia cero frente al narcotráfico. No obstante, no se precisó en qué fase se encuentra actualmente la investigación ni qué medidas se tomarán contra los involucrados.
Este no es un hecho aislado. A finales de enero, la propia Aduana reportó otro caso en el mismo aeropuerto, esta vez en un vuelo procedente de Panamá. En aquella ocasión se detectó cerca de un kilogramo de cocaína mezclada y oculta dentro de pomos de cremas, café y alimentos. Las imágenes difundidas mostraban envases de marcas conocidas como Nivea y Herbal Essences utilizados como camuflaje.
Tampoco entonces se revelaron las identidades de los implicados ni el destino final del cargamento. Lo que sí quedó claro es que los métodos para intentar introducir drogas son cada vez más variados y creativos.
Entre los mecanismos detectados en distintos operativos se mencionan ocultamientos en artículos de higiene personal, muñecos religiosos, latas de atún e incluso gominolas. Además, las autoridades han informado sobre inspecciones relacionadas con movimientos sospechosos de divisas y cargamentos de tabacos en cantidades prohibidas que podrían funcionar como “tapaderas”.
La cocaína en el Aeropuerto de La Habana vuelve así a poner el foco sobre los controles en la principal terminal aérea del país. Mientras algunos intentan burlar la vigilancia con ingenio, los escáneres y las inspecciones continúan detectando estos intentos. Y aunque los detalles oficiales suelen ser escuetos, cada caso suma un nuevo capítulo a la lucha contra el tráfico internacional que pasa, inevitablemente, por la puerta de entrada más importante de Cuba.







