En Cuba, hasta el pan se ha convertido en un desafío energético. Entre apagones interminables, escasez de combustible y una crisis que parece no dar respiro, las autoridades ahora presentan como “innovación” lo que para muchos ciudadanos suena más a improvisación: cambiar hornos de diésel por gas manufacturado y apostar por paneles solares para sostener la producción de pan en La Habana.
La propuesta fue divulgada por el diario oficialista Granma, que explicó que la Cadena Cubana del Pan en la capital está evaluando instalar paneles solares en el 50 % de sus panaderías. Además, planean reconvertir hornos que antes funcionaban con petróleo para que operen con gas producido en el país. La idea, al menos en el papel, suena moderna: menos dependencia del diésel importado y más autonomía energética.
Según los directivos citados en el reporte, esta transformación permitiría mantener el horneado incluso durante los apagones. En un país donde la electricidad puede irse en cualquier momento, la posibilidad de que el pan no dependa completamente de la red eléctrica parece una solución lógica. Pero también deja en evidencia hasta qué punto la crisis energética ha golpeado sectores básicos.
El director general de la empresa, Maruan Fee Fernández, reconoció que el panorama ha sido “muy duro” debido al “bloqueo total de combustibles”. Admitió además que han tenido que “reinventarse” para garantizar la producción. Actualmente, de las 51 panaderías existentes en La Habana, 47 están operando, mientras las restantes permanecen cerradas por mantenimiento, según la versión oficial.
La narrativa gubernamental presenta esta reconversión tecnológica como un paso firme hacia la independencia energética. Sin embargo, el contexto reciente genera escepticismo. Hace apenas días, en varias provincias —incluida la capital— se retomaron hornos de leña para poder producir pan ante la falta de electricidad y combustible. La imagen de panaderías funcionando con leña en pleno 2026 fue interpretada por muchos como un símbolo claro del deterioro económico.
Ahora, la apuesta por paneles solares y gas manufacturado intenta proyectar modernización y resiliencia. Pero en la calle, la preocupación es más simple: ¿habrá pan mañana? Aunque el pan de 200 gramos se mantiene oficialmente a 120 pesos, según aseguró la empresa, la realidad cotidiana sigue marcada por largas colas, interrupciones inesperadas y la incertidumbre constante.
Porque en Cuba el pan no es solo un alimento más. Es parte esencial de la dieta diaria de miles de familias. Cuando falla, se siente de inmediato. Y aunque los paneles solares puedan ofrecer una alternativa parcial frente a los apagones, la producción de pan en La Habana sigue dependiendo de múltiples factores: combustible, transporte, insumos y estabilidad energética.







