Santa Clara de luto: joven madre asesinada camino al trabajo

Redacción

Santa Clara amaneció con el alma encogida. La noticia del asesinato de Yaimee Carrazana Herrera, joven madre de dos niños, corrió de boca en boca como un golpe seco. No fue un hecho aislado ni una simple crónica policial. Fue otro episodio brutal que vuelve a estremecer a una sociedad cansada de la violencia.

El ataque ocurrió en el Bosque Martiano, en plena circunvalación. Un sitio cotidiano, de paso, de rutina. Allí, cuando se dirigía a su centro laboral acompañada de su hijo adolescente, la vida de Yaimee quedó truncada de la forma más cruel. La escena, según relatan vecinos y conocidos, dejó a muchos en estado de shock.

Aunque fue trasladada de urgencia al Hospital Arnaldo Milián Castro, las heridas resultaron fatales. La tragedia no tardó en desatar una ola de dolor y rabia. Dos menores quedaron sin su madre, una frase que ya pesa demasiado en la realidad cubana.

Las autoridades informaron la captura del presunto agresor, identificado como Yonely. Sin embargo, más allá del proceso judicial, en la calle la conversación es otra. La gente no solo habla de culpables individuales. Habla de un problema que crece, que se repite, que parece no encontrar freno.

En redes sociales, el nombre de Yaimee se convirtió rápidamente en símbolo de indignación. Mensajes de duelo, denuncias y reclamos se multiplicaron. Porque detrás de cada caso hay una historia rota, pero también una sensación persistente de desprotección.

La violencia de género en Cuba ya no puede esconderse bajo estadísticas difusas ni silencios oficiales. Los feminicidios siguen marcando el calendario, mientras las respuestas institucionales continúan siendo insuficientes o tardías. La ausencia de una ley integral que ampare a las víctimas vuelve a colocarse en el centro del debate.

Activistas y ciudadanos repiten una idea que resuena con fuerza. No basta con lamentar ni reaccionar después de la tragedia. La prevención, la protección real y los mecanismos de apoyo siguen siendo deudas pendientes en un país donde demasiadas mujeres viven bajo riesgo.

La muerte de Yaimee Carrazana Herrera deja una herida profunda en Santa Clara. Pero también reabre preguntas incómodas. ¿Cuántas historias más tendrán que terminar en duelo para que la violencia contra la mujer sea tratada como una emergencia nacional?

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