En el municipio de San Luis, allá por la provincia oriental de Santiago de Cuba, las autoridades volvieron a hacer de las suyas con un decomiso que ya está dando de qué hablar: más de 90 libras de carne de res terminaron en manos de la policía tras un registro en la localidad de Emma Rosa Chuig. La información salió a la luz a través de la página oficialista Héroes del Moncada, vinculada al Ministerio del Interior (MININT), que no tardó en presentar el operativo como otro golpe contra la ilegalidad.
Según la publicación difundida en Facebook, la carne habría salido de un sacrificio ilegal de ganado mayor. En Cuba, matar una vaca por cuenta propia no es cualquier cosa: está tipificado como delito serio. Aquí no es como en otros países donde el campesino decide qué hacer con su res; en la Isla, el control sobre el ganado es asunto del Estado, y saltarse esa línea puede salir caro.
El registro se llevó a cabo en una vivienda del barrio, como parte de los operativos que buscan frenar el hurto y sacrificio ilícito de reses. Y aunque este tipo de noticias se presentan como grandes victorias contra el delito, lo cierto es que el fenómeno se ha vuelto cada vez más común en distintas provincias. No es casualidad: en medio de la escasez de alimentos y los precios disparados en el mercado informal, la carne de res se ha convertido en un lujo prácticamente inalcanzable para la mayoría.
Aquí es donde el contexto pesa más que el titular. En Cuba, el sacrificio ilegal de ganado está catalogado como un delito grave porque el Estado mantiene el monopolio casi absoluto sobre la producción y comercialización de la carne de res. Comprar o vender este producto fuera de los canales oficiales puede traer consecuencias penales. El problema es que en los mercados estatales casi nunca aparece, y cuando lo hace, no alcanza para todos.
En los últimos años, los operativos contra esta práctica se han intensificado. Las autoridades hablan de “enfrentamiento al delito”, pero en la calle muchos lo ven como una señal más de la desconexión entre las regulaciones y la realidad cotidiana. Mientras tanto, conseguir proteínas de origen animal sigue siendo una odisea para miles de familias que sobreviven entre colas, apagones y bolsillos vacíos.
Hasta ahora no se han dado detalles sobre detenidos ni sobre posibles sanciones relacionadas con este caso específico en San Luis. Lo que sí está claro es que cada decomiso vuelve a poner sobre la mesa el mismo debate: ¿es solo un problema de ilegalidad o también de necesidad? Porque cuando más de 90 libras de carne aparecen escondidas en una casa, detrás del titular policial hay una historia mucho más compleja que todavía nadie termina de contar.







