La crisis cubana sigue rompiendo récords de absurdo. Ahora, conseguir una simple balita de gas para cocinar se ha convertido en otra pesadilla para miles de familias dentro de la isla. La plataforma Supermarket23 comenzó a vender cilindros de gas licuado GLP de 10 kilogramos por 29 dólares, pero con una condición que ha dejado a más de uno echando humo: el cliente en Cuba tiene que entregar obligatoriamente un cilindro vacío, del mismo tamaño y además en buen estado.
Sí, así mismo. En un país donde casi todo está roto, viejo o remendado con alambre, ahora también exigen que la balita esté “presentable” para poder cambiarla.
La noticia explotó en redes después de que la locutora cubana Laritza Camacho reaccionara con ironía en Facebook. Con ese humor ácido tan típico del cubano cuando ya no queda otra, comentó que aquello era “un capitalismo con carácter irreversible”. Y no le falta razón. Lo que hace unos años el régimen llamaba “desigualdad capitalista”, hoy se ha convertido en la única vía de supervivencia para muchísimas familias.
Según las reglas publicadas por Supermarket23, la entrega solo se realiza si el destinatario entrega una balita vacía de 10 kg que cumpla ciertos requisitos. Nada de recipientes perforados, oxidados o dañados. La base debe estar estable y hasta la anilla tiene que verse en condiciones aceptables. Si no pasa la inspección, no hay gas. Punto.
El problema es que la inmensa mayoría de esos cilindros llevan años deteriorándose por falta de mantenimiento, abandono estatal y uso extremo. O sea, aunque una familia logre reunir los 29 dólares —que ya de por sí es casi una misión imposible— todavía corre el riesgo de quedarse sin servicio si la balita no “califica”.
Y ahí está el verdadero retrato de la Cuba actual: pagar en dólares por servicios básicos mientras el salario en pesos cubanos prácticamente no sirve ni para respirar.
Al cambio informal de este martes, esos 29 dólares equivalen a más de 15 mil pesos cubanos. Para muchísimos trabajadores estatales eso representa varios meses de salario completo. Una locura total en un país donde la inflación se ha comido los ingresos de la gente como termita hambrienta.
Desde 2020 hasta hoy, el peso cubano ha perdido alrededor del 95% de su valor frente al dólar. Mientras tanto, el régimen sigue improvisando medidas económicas que terminan golpeando siempre al mismo: al cubano de a pie.
La venta de gas por parte de Supermarket23 ocurre además en medio del colapso casi absoluto del suministro estatal de GLP. El desabastecimiento lleva meses afectando a miles de hogares y la situación empeoró todavía más cuando, en enero de este año, el tanquero Emilia regresó vacío a Cuba porque el Estado no pudo pagar el combustible.
En otras palabras: el gobierno que pasó décadas prometiendo soberanía energética ahora ni siquiera puede garantizar gas para cocinar un arroz.
Como parche desesperado, las autoridades intentaron ampliar el servicio de gas manufacturado en La Habana, prometiendo beneficiar a unos 25 mil clientes. Pero la realidad sigue siendo la misma: apagones, escasez y una infraestructura colapsada que ya no aguanta más remiendos.
Mientras tanto, la dolarización del país avanza sin freno. Cada vez más servicios esenciales funcionan exclusivamente en moneda extranjera. Desde combustible hasta alimentos básicos. Y claro, quien no recibe remesas del exterior queda prácticamente condenado a sobrevivir inventando.
Lo más irónico es que durante años el discurso oficial demonizó el dólar y atacó cualquier lógica de mercado. Pero ahora el propio sistema depende desesperadamente de captar divisas mientras obliga al pueblo a vivir entre monedas devaluadas y salarios fantasmas.
Incluso el régimen aprobó recientemente nuevas regulaciones para obligar a plataformas como Supermarket23 a entregar sus ingresos en moneda extranjera al sistema bancario estatal. Porque cuando se trata de recaudar dólares, ahí sí aparecen rápido las “prioridades revolucionarias”.
La escena es dura y hasta surrealista: familias sin corriente, sin comida estable y ahora también haciendo cola mental para ver si tienen suficiente dinero… y una balita suficientemente decente… para poder cocinar.
Porque en la Cuba de hoy, hasta prender la hornilla ya parece un privilegio de lujo.

