Régimen reparte entre la población una «guía familiar para la protección ante una agresión militar» de EE.UU.

El régimen cubano sigue apostando por el miedo como herramienta política. Este martes, el Consejo de Defensa Provincial de Granma analizó la distribución masiva de una llamada “Guía Familiar para la Protección ante una Agresión Militar”, un documento elaborado por la Defensa Civil que busca preparar a la población para un supuesto escenario de guerra.

La reunión estuvo encabezada por Yudelkis Ortiz, quien volvió a repetir el discurso alarmista que el oficialismo lleva meses sembrando en toda la isla. Según explicó en redes sociales, la intención es llevar el manual “a cada rincón” de la provincia mediante estructuras controladas por el Partido Comunista, organizaciones juveniles y reuniones políticas en barrios, centros laborales y escuelas.

En buen cubano: mientras el pueblo anda vuelto loco buscando comida, corriente y medicinas, el régimen ahora quiere convertir cada cuadra en una mini trinchera ideológica.

Ortiz defendió la iniciativa asegurando que “la mejor forma de evitar una guerra es preparándose para ella”. Una frase que encaja perfectamente con la narrativa de tensión permanente que La Habana ha utilizado históricamente para justificar control político, vigilancia social y militarización de la vida cotidiana.

La guía, presentada bajo el lema “Proteger, resistir, sobrevivir y vencer”, detalla supuestas medidas de preparación para familias y comunidades ante una eventual agresión militar. El problema es que, para muchísimos cubanos, la verdadera emergencia no viene del extranjero, sino del desastre interno provocado por décadas de mala administración, represión y promesas incumplidas.

La propia dirigente dejó clara la línea del régimen al afirmar que “cada granmense debe saber cuál es su papel” ante un ataque. Un discurso que recuerda los peores momentos de paranoia política en la isla, donde el enemigo externo siempre aparece convenientemente cuando la crisis económica se vuelve insostenible.

Desde principios de año, el gobierno cubano ha intensificado este ambiente de confrontación. El régimen declaró el 2026 como “Año de Preparación para la Defensa” y convirtió los sábados en jornadas permanentes de entrenamiento militar para civiles. Sí, así mismo: en un país donde falta pan, transporte y electricidad, la prioridad oficial ahora es enseñar maniobras de defensa.

Todo esto ocurre después de recientes declaraciones de Donald Trump, quien aseguró durante un evento en Palm Beach que Cuba podría ser tomada “casi inmediatamente”. A partir de ahí, la maquinaria propagandística del castrismo se disparó como un cohete soviético viejo.

Miguel Díaz-Canel respondió acusando a Trump de elevar las amenazas contra Cuba a niveles “sin precedentes”, asegurando además que el régimen respondería militarmente ante cualquier agresión. El problema para ellos es que cada vez menos cubanos compran ese discurso épico de resistencia eterna mientras el país literalmente se cae a pedazos.

Los apagones interminables, la escasez de combustible, el colapso económico y la migración masiva tienen agotada a la población. Y en lugar de ofrecer soluciones reales, el oficialismo parece más enfocado en repartir manuales de guerra y repetir consignas de los años sesenta.

La tensión también ha aumentado tras movimientos recientes de Washington en el Caribe y nuevas medidas firmadas contra La Habana. Eso ha servido como combustible perfecto para que el aparato político cubano reactive el lenguaje militarista y trate de cerrar filas alrededor del miedo.

Incluso Raúl Castro reapareció recientemente enviando mensajes dirigidos a militares del Ejército Oriental, en medio de rumores sobre posibles escenarios de “Estado de Guerra”. Una señal de que la vieja guardia sigue moviendo piezas detrás del telón.

Pero si algo terminó llamando la atención fue el episodio protagonizado por Yudelkis Ortiz apenas días antes de esta reunión. La dirigente apareció participando en un cordón espiritista para “alejar amenazas” contra Cuba. Sí, en pleno 2026, mientras el país atraviesa una de las peores crisis de su historia, altos cuadros del Partido mezclan política, propaganda y rituales espirituales como si estuvieran filmando una novela surrealista.

Al final, la funcionaria cerró su mensaje diciendo que una revolución vale por su capacidad de defenderse. Sin embargo, muchos cubanos tienen otra lectura mucho más clara: cuando un gobierno necesita convencer constantemente al pueblo de que viene una guerra, generalmente es porque ya perdió la batalla más importante… la de la confianza de su propia gente.