Una nueva encuesta realizada por la firma internacional YouGov dejó un dato que está dando vueltas con fuerza dentro y fuera de Cuba: la mayoría de los estadounidenses no quiere una guerra contra la Isla. En medio de las tensiones crecientes entre Washington y La Habana, el sondeo muestra que el discurso agresivo de Donald Trump no parece tener el respaldo popular que algunos esperaban.
Según los resultados publicados por el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), el 64 % de los encuestados se opone a una acción militar contra Cuba, mientras apenas un 15 % la apoyaría. El resto dijo no tener una posición clara sobre el tema.
El estudio llega justo cuando Trump ha elevado el tono contra el régimen cubano, incluyendo amenazas relacionadas con el despliegue del portaaviones Abraham Lincoln cerca de las costas de la Isla y nuevas sanciones económicas dirigidas al aparato militar y financiero controlado por el castrismo.
Mark Weisbrot, economista senior y codirector del CEPR, soltó una frase que ha corrido como pólvora: Trump debería “pensarlo dos veces antes de embarcarse en otra guerra por elección”.
El especialista fue todavía más lejos al señalar que, para la mayoría de los expertos, Cuba no representa una amenaza real para la seguridad nacional de Estados Unidos. Además, recordó que el conflicto con Irán ya le ha pasado factura política al presidente republicano.
“Trump prometió menos guerras y precios más bajos. Lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario”, afirmó Weisbrot, señalando el impacto económico y político que han tenido las recientes tensiones militares promovidas desde Washington.
Entre quienes sí expresaron una opinión concreta en la encuesta, el rechazo a una guerra contra Cuba resulta todavía más contundente: ocho de cada diez estadounidenses están en contra.
Los votantes independientes, un grupo clave en cualquier elección norteamericana, también dejaron claro su criterio. El 68 % rechazó cualquier intervención militar en la Isla, frente a un 25 % que la respaldaría. Ese dato preocupa especialmente porque los independientes suelen decidir estados clave en elecciones cerradas.
Mientras tanto, la administración Trump continúa endureciendo su ofensiva contra el régimen cubano. Desde enero de 2026 ya acumula más de 240 sanciones, incluyendo medidas contra GAESA, restricciones financieras y operaciones dirigidas a reducir el suministro energético de la Isla.
El pasado 1 de mayo, Trump firmó otra orden ejecutiva ampliando sanciones sobre sectores estratégicos como energía, minería, defensa y servicios financieros. Ese mismo día, durante una cena privada en Florida, llegó incluso a afirmar que Estados Unidos “tomará Cuba casi inmediatamente” después de concluir operaciones militares en Irán.
En La Habana, el régimen respondió como de costumbre: con discursos de resistencia, propaganda y llamados a la “Guerra de Todo el Pueblo”. Díaz-Canel habló recientemente sobre una supuesta “agresión militar inminente” y volvió a desempolvar la retórica de Fidel Castro de los años 80 para intentar movilizar apoyo interno en medio del colapso económico.
Pero mientras el castrismo intenta vender una imagen de fortaleza, la realidad dentro de Cuba sigue siendo otra: apagones interminables, escasez de alimentos, inflación descontrolada y una población agotada después de décadas de promesas vacías.

