Bruno Rodríguez y la cúpula del Partido Comunista asisten a una misa en la Catedral de La Habana para “orar por la paz en Cuba”

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla y el vicepresidente Salvador Valdés Mesa reaparecieron este fin de semana en la Catedral de La Habana durante una misa organizada supuestamente para “orar por la paz en Cuba”, en otro movimiento que muchos interpretan como un intento del régimen de proyectar una imagen de diálogo y estabilidad en medio de una crisis cada vez más explosiva.

Ambos dirigentes, integrantes del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, estuvieron acompañados por otros funcionarios oficialistas durante la ceremonia religiosa, celebrada para conmemorar el primer aniversario del pontificado del papa León XIV.

La escena no pasó desapercibida, especialmente porque ocurrió justo mientras el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio viajaba al Vaticano para abordar precisamente el tema cubano con el sumo pontífice.

Mientras dentro de Cuba el régimen intenta vender mensajes de paz y espiritualidad, afuera la presión internacional sigue creciendo y Washington aprieta cada vez más el cerco financiero y político contra La Habana.

La misa reunió a decenas de fieles y estuvo encabezada por autoridades de la Iglesia Católica cubana. El nuncio apostólico en Cuba, monseñor Anto Camilleri, aprovechó la homilía para resaltar el perfil pastoral del papa León XIV y hablar de una Iglesia cercana a los pueblos y presente en tiempos de crisis.

Camilleri destacó además el estilo sencillo y directo del pontífice y recordó sus primeros viajes apostólicos por distintas regiones del mundo, presentándolo como símbolo de una Iglesia abierta y cercana al sufrimiento humano.

También evocó una de las expresiones más repetidas por el fallecido papa Francisco: “todos, todos, todos”, insistiendo en una visión de Iglesia inclusiva que no excluye a nadie del amor de Dios.

Sin embargo, en Cuba mucha gente observa este tipo de ceremonias con una mezcla de escepticismo y cansancio. Sobre todo porque el mismo aparato político que hoy aparece sentado en primera fila dentro de la Catedral es el responsable directo del desastre social y económico que atraviesa el país.

Mientras funcionarios del PCC asisten a actos religiosos hablando de paz, millones de cubanos siguen sobreviviendo entre apagones eternos, hospitales colapsados, escasez de alimentos y una migración masiva que vacía barrios enteros.

La ceremonia fue concelebrada por el cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana, junto a monseñor Arturo González Amador, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

Durante la misa también se recordó el aniversario 90 de las relaciones diplomáticas entre Cuba y la Santa Sede, vínculos que el nuncio describió como una relación basada en diálogo y cooperación.

Pero más allá de las palabras diplomáticas, la imagen política fue evidente: un régimen cada vez más aislado internacionalmente intentando reforzar espacios de legitimidad mientras enfrenta crecientes sanciones, colapso económico y malestar social dentro de la isla.

Y claro, no faltó el simbolismo final. Al terminar la ceremonia sonaron los himnos de Cuba y de la Santa Sede mientras se elevaban oraciones por el pontificado de León XIV, por la Iglesia cubana y por “la paz” del país.