Miguel Díaz-Canel volvió a sacar pecho en medio del desastre nacional. Durante una entrevista concedida al diario español Público en plena marcha oficialista del Primero de Mayo en La Habana, el gobernante cubano mezcló amenazas, ironías y propaganda revolucionaria para intentar proyectar una imagen de fortaleza frente a la creciente presión internacional y el evidente deterioro del país.
La conversación ocurrió entre la Plaza de la Revolución, la Avenida Paseo y la Tribuna Antiimperialista, justo el mismo día en que Donald Trump anunció nuevas sanciones contra el régimen cubano y lanzó desde Florida una frase que volvió a tensar el panorama político: aseguró que Estados Unidos actuaría contra Cuba “casi de inmediato”.
La respuesta de Díaz-Canel no tardó. Con el tono desafiante que suele utilizar cuando intenta movilizar la narrativa de resistencia, aseguró que si Cuba fuera atacada “habrá combate”.
Pero una de las frases que más llamó la atención fue su comentario sobre las acusaciones de dictadura. En tono burlón, afirmó ser “un dictador muy extraño” porque —según dijo— puede caminar y marchar junto al pueblo.
La declaración provocó fuertes reacciones, sobre todo porque llega mientras continúan las denuncias de represión política, encarcelamientos y persecución contra periodistas independientes y opositores dentro de la Isla.
El caso más reciente fue el del periodista Ángel Cuza, arrestado por agentes de la Seguridad del Estado apenas un día antes de la marcha, según reportes independientes. También circularon denuncias sobre presiones a trabajadores estatales y movilización obligatoria de estudiantes para llenar las concentraciones oficialistas.
Mientras tanto, la realidad cotidiana del cubano promedio sigue siendo mucho más dura que el discurso triunfalista del régimen.
Sobre la crisis energética, Díaz-Canel culpó nuevamente al embargo estadounidense y calificó la situación como un “castigo colectivo” destinado a asfixiar económicamente a Cuba. Sin embargo, evitó mencionar el enorme deterioro interno provocado por décadas de corrupción, abandono de infraestructura y pésima administración estatal.
Los apagones ya superan las 24 horas en muchas zonas del país y afectan a millones de personas diariamente. El déficit energético alcanzó niveles críticos esta semana, dejando a más del 60 % del territorio nacional parcialmente paralizado.
Pero para el régimen, la culpa siempre viene de afuera.
En la entrevista, Díaz-Canel también acusó a Trump de intentar revivir la Doctrina Monroe y de tratar nuevamente a América Latina como el “patio trasero” de Washington. Aun así, curiosamente adoptó un tono más moderado cuando habló de las relaciones bilaterales.
“Aquí nunca se han quemado banderas norteamericanas”, dijo el gobernante, asegurando que todavía aspira a mantener una relación “civilizada” con Estados Unidos pese al conflicto político.
La contradicción no pasó desapercibida. Mientras el discurso oficial habla constantemente de resistencia antiimperialista, el propio régimen sigue dependiendo en gran medida de remesas, viajes y vínculos económicos relacionados con Estados Unidos para sostener parte de la economía nacional.
La marcha del Primero de Mayo también dejó otra imagen difícil de esconder: una asistencia mucho menor que en años anteriores. Aunque la propaganda estatal intentó vender el acto como una demostración masiva de respaldo popular, videos e imágenes independientes mostraron amplios espacios vacíos y una movilización bastante más débil que la de otros años.
En el evento reapareció además Raúl Castro, quien llevaba meses fuera de la escena pública y volvió a mostrarse durante el acto político central.
No es la primera vez que Díaz-Canel apuesta por este lenguaje de confrontación. En semanas recientes ya había declarado que estaba dispuesto incluso a “dar la vida por la Revolución”, insistiendo en una narrativa épica que cada vez conecta menos con una población agotada por el hambre, los apagones y la falta total de perspectivas.
Y mientras el mandatario habla de combate y resistencia desde las tribunas oficiales, miles de cubanos siguen haciendo exactamente lo contrario: escapar del país.

