La activista cubana Amelia Calzadilla volvió a alzar la voz este sábado con un mensaje cargado de dolor, firmeza y también de desafío político. Desde su perfil de Facebook, reconoció públicamente el impacto emocional que han tenido semanas de ataques, burlas y campañas de descrédito en su contra, pero dejó claro que no piensa retroceder en su activismo ni abandonar su proyecto político para Cuba.
“Claro que me duelen las mentiras y las calumnias”, vino a decir la activista, dejando atrás cualquier pose fría o calculada. Y es que, como ella misma explicó, nadie puede ser indiferente cuando se convierte en blanco constante de difamaciones, insultos y ataques personales disfrazados de debate público.
El mensaje llega apenas semanas después de la creación del Partido Liberal Ortodoxo Cubano (PLOC), fundado por Calzadilla el pasado 27 de abril desde el exilio en Madrid. La iniciativa, inspirada en ideas liberales y en el pensamiento martiano, nació con la intención de presentarse como una alternativa política frente al agotado modelo comunista que mantiene hundida a Cuba en crisis permanente.
Pero desde el anuncio del partido, la activista asegura haber enfrentado una maquinaria de ataques que va desde campañas de ridiculización hasta intentos organizados de destruir su imagen pública.
Y aunque el respaldo popular también ha sido enorme —con numerosos mensajes de apoyo y solicitudes de afiliación—, la presión mediática y digital ha sido constante.
Calzadilla denunció además algo todavía más delicado: personas comenzaron a enviarle material privado y comprometedor sobre algunos de sus críticos, aparentemente con la intención de que ella lo publicara como represalia o mecanismo de defensa.
Sin embargo, decidió no hacerlo.
La activista explicó que no piensa utilizar métodos que contradigan los principios éticos que dice defender, incluso en medio de ataques que atribuye directamente al aparato de propaganda y manipulación del régimen cubano.
Y ahí estuvo una de las frases más fuertes de su publicación.
Según expresó, permitir que el odio o el instinto de defenderse la empujen a actuar igual que quienes intentan destruirla sería, en el fondo, perder la batalla moral.
El mensaje tuvo un tono mucho más humano y reflexivo que otras declaraciones anteriores. Ya el pasado 30 de abril Calzadilla había respondido públicamente a las críticas recibidas tras lanzar el partido, pero esta vez habló desde un lugar más personal, mostrando el desgaste emocional que provoca enfrentarse constantemente a campañas de acoso político y digital.
Aun así, dejó claro que sigue convencida de continuar.
“Salir corriendo” del debate público no parece estar entre sus planes, pese al ambiente tóxico que, según denuncia, intentan crear quienes buscan desacreditar cualquier proyecto opositor que pueda conectar con sectores descontentos dentro y fuera de Cuba.
También insistió en que la reconstrucción futura del país no puede basarse únicamente en cambios políticos o económicos, sino en recuperar valores básicos como el respeto, la decencia y el debate limpio, algo prácticamente inexistente dentro de la cultura política que el castrismo ha impuesto durante décadas.
La historia de Amelia Calzadilla comenzó mucho antes del exilio y de la creación de un partido político.
Su activismo arrancó en 2021, cuando denunció públicamente en redes sociales la situación de decenas de familias en el municipio habanero del Cerro que llevaban años sin acceso estable al gas manufacturado. Aquellas denuncias terminaron viralizándose y la colocaron rápidamente en la mira de la Seguridad del Estado.
Con el tiempo, las presiones aumentaron hasta empujarla finalmente al exilio en noviembre de 2023, instalándose en Madrid junto a su esposo y sus tres hijos.
Desde España continuó vinculada a proyectos opositores y estructuras relacionadas con una eventual transición democrática en Cuba. Y aunque su nueva apuesta política ha generado divisiones y controversias dentro del propio exilio, también ha conseguido movilizar apoyo entre personas cansadas tanto de la dictadura como de la fragmentación opositora tradicional.
Al cerrar su mensaje, Calzadilla dejó otra frase que resume bastante bien el tono de esta nueva etapa en su vida política:
“No temo porque nada debo”.
Una declaración directa en medio de una guerra de desgaste donde, una vez más, el régimen cubano parece apostar no solo al silencio de sus críticos… sino también a destruirlos personalmente.

