Díaz-Canel pide a EE.UU. que incluya «combustible, comida y medicinas» en la ayuda humanitaria de 100 millones de dólares ofrecida

La crisis en Cuba llegó a un punto tan crítico que el propio Miguel Díaz-Canel terminó haciendo algo que hace apenas días parecía imposible: aceptar públicamente la posibilidad de recibir ayuda humanitaria de Estados Unidos.

En un mensaje publicado este jueves en X, el gobernante cubano reconoció que las prioridades inmediatas del país son “combustibles, alimentos y medicinas”, una admisión que deja al descubierto el nivel de deterioro que atraviesa la Isla después de años de apagones, escasez y una economía completamente destruida.

“Las prioridades son más que evidentes”, escribió Díaz-Canel, en un tono muy distinto al utilizado recientemente por altos funcionarios del régimen, que hasta hace nada se burlaban de la propuesta estadounidense y la calificaban como propaganda política.

El mandatario aseguró que, si realmente existe disposición por parte de Washington para entregar los fondos anunciados “en conformidad con las normas internacionales de ayuda humanitaria”, Cuba no pondría obstáculos ni reaccionaría con “ingratitud”. Una declaración que marca un giro evidente en el discurso oficial de La Habana.

Y es que el cambio no pasó desapercibido. Apenas dos días antes, Bruno Rodríguez Parrilla había llamado “fábula” y “mentira” a la oferta de 100 millones de dólares anunciada por Estados Unidos. Mientras tanto, el viceministro Carlos Fernández de Cossío llegó incluso a describir la propuesta como un “sucio negocio político”.

Pero la realidad energética del país terminó chocando de frente contra el discurso ideológico. Este jueves, el propio Rodríguez Parrilla suavizó completamente el tono y afirmó que Cuba “no tiene como práctica rechazar ayuda extranjera” y que el gobierno está dispuesto a escuchar los detalles del ofrecimiento.

El cambio ocurre en medio de una de las peores crisis eléctricas registradas en décadas. El miércoles, la capacidad de generación del país apenas alcanzaba los 1.230 MW frente a una demanda superior a los 3.250 MW. El resultado: apagones masivos, barrios enteros sin corriente durante más de 20 horas y un país prácticamente paralizado.

Incluso Díaz-Canel admitió recientemente que la situación energética estaba “particularmente tensa”, responsabilizando a la falta de combustible por más de 1.100 MW fuera de servicio. Sin embargo, para muchísimos cubanos el problema va mucho más allá del combustible: es el resultado de décadas de abandono, corrupción, mala gestión y promesas incumplidas.

Aun así, el gobernante cubano volvió a utilizar el embargo estadounidense como argumento central, calificando la oferta humanitaria de “paradójica” e “inconsecuente”. Según Díaz-Canel, el daño que vive Cuba podría aliviarse con el levantamiento de las sanciones, insistiendo en la narrativa oficial de que la crisis ha sido “inducida”.

Mientras tanto, Washington dejó claro que los 100 millones de dólares no pasarían por manos del Estado cubano. El plan contempla distribuir la ayuda mediante la Iglesia Católica y organizaciones humanitarias independientes, evitando intermediación gubernamental.

Precisamente por eso, Díaz-Canel destacó en su mensaje la “rica y productiva” relación del régimen con la Iglesia Católica, intentando posicionarse dentro de un esquema diseñado justamente para limitar el control estatal sobre la distribución de recursos.

El modelo ya había sido utilizado anteriormente tras el huracán Melissa, cuando millones de dólares en ayuda fueron canalizados a través de Cáritas y la Iglesia Católica para beneficiar directamente a miles de familias afectadas en el oriente del país.

Además de alimentos y medicinas, la propuesta estadounidense también incluye acceso gratuito a internet satelital mediante Starlink, una tecnología que el régimen ha evitado durante años por temor a perder control sobre las comunicaciones y el flujo de información dentro de la Isla.

Desde Washington, Marco Rubio fue contundente al afirmar que la situación cubana es “inaceptable” y acusó al régimen de bloquear la llegada de ayuda mientras el país se hunde entre apagones, hambre y desesperación.