El anuncio de la telenovela “Mujeres de café” en la televisión estatal cubana cayó como chiste en redes sociales. Y no uno cualquiera, sino de esos que duelen. Porque mientras Cubavisión presume de una historia centrada en el grano, en la isla lo que menos hay es café. Así mismo, asere… una novela sobre lo que el cubano ya ni huele.
La producción, que se graba en Bahía Honda bajo la dirección de Ernesto Fiallo, promete 63 capítulos cargados de drama, inclusión y discursos modernos. La trama sigue a cuatro hermanas en un pueblo ficticio y toca temas como diversidad y nuevas masculinidades. Todo muy bonito en papel… pero desconectado de la realidad que vive el cubano de a pie.
Porque en cuanto el canal soltó la noticia en Facebook, la gente no se aguantó. Las redes se llenaron de ironía pura y dura. Comentarios burlándose del título, del “aroma” inexistente y hasta del precio imposible del café empezaron a llover como si fuera temporada de ciclones.
Uno decía que era el nombre perfecto para un país donde el café desapareció. Otro se preguntaba de dónde saldría el chícharo para lograr el “aroma”. Y no faltó el que soltó, sin filtro, que está esperando la novela “a ver si baja el precio”, que ya anda por las nubes. Humor negro, pero con toda la razón del mundo.
Detrás de la risa hay una realidad bien amarga. La producción nacional de café está en el piso. En el primer semestre de 2025 apenas se cumplió una fracción del plan. ¿La causa? La misma historia de siempre: abandono del campo, miseria en los pagos y un Estado que no responde.
Mientras tanto, el café en la calle se vende a precios que son un abuso para cualquier salario estatal. Y cuando aparece por la libreta, lo hacen en cantidades ridículas y a precios que también levantan ronchas. Un lujo en un país donde debería ser tradición.
Lo más indignante es el doble discurso. Por un lado, el cubano no tiene café ni para colar en casa. Por otro, el régimen sigue exportando toneladas como si nada pasara. Y para rematar, presentan marcas gourmet en ferias internacionales mientras el pueblo resuelve con inventos.
Así que sí, la novela podrá tener buen guion, actores y producción. Pero el verdadero problema no está en la pantalla. Está en la realidad. Porque en Cuba hoy, hablar de café es casi ciencia ficción. Y eso no hay libreto que lo maquille.

