Un muerto y un sobreviviente: el vínculo olvidado entre Cuba y el Titanic

Cuando se habla del Titanic, la mente se va directo al desastre… pero lo que casi nadie comenta es que Cuba también tiene su pedacito en esa historia. Y no, no es cuento. Dos nombres poco conocidos —Servando Ovies y Julián Padró— estuvieron a bordo de ese gigante que terminó en el fondo del Atlántico.

Servando Ovies tenía 36 años y ya estaba bien establecido en La Habana, donde trabajaba en el negocio textil familiar. Aunque muchos lo confunden, no era cubano, sino asturiano. Había salido a Europa y decidió regresar a la isla tomando la ruta del Titanic, sin imaginar que ese viaje sería el último.

El hombre viajaba cómodo, en primera clase, con todo el lujo que ese barco ofrecía. Su camarote, el D43, era reservado para gente con dinero y posición. Pero ni el billete caro ni el estatus lo salvaron. Cuando el Titanic chocó contra el iceberg aquella madrugada de abril de 1912, Servando no logró escapar.

Días después, su cuerpo fue recuperado por los rescatistas. Era el número 189 en la lista de víctimas. Primero lo enterraron en Halifax, Canadá, y luego lo trasladaron a otro cementerio en la misma ciudad. Un final frío y silencioso para alguien que soñaba con volver al calor de La Habana.

Ahora, la otra cara de la moneda la pone Julián Padró. Más joven, con 26 años, y viajando en segunda clase, este catalán iba rumbo a Cuba buscando oportunidades. Porque sí, como muchos en aquella época, veía en la isla un lugar para empezar de cero.

Y la vida le dio una segunda oportunidad. Julián logró subirse a uno de los botes salvavidas y fue rescatado por el Carpathia. Llegó a Nueva York y de ahí siguió rumbo a La Habana, donde lo esperaba su destino.

Con el tiempo, pasó de sobreviviente a empresario exitoso en el transporte terrestre de la capital cubana. Se casó con su prometida —que también sobrevivió al naufragio— y construyó una vida sólida en la isla. Tanto así que en 1941 recibió la ciudadanía cubana.

Murió en 1968, ya con 83 años, dejando atrás una historia que parece sacada de película. Él y su esposa descansan hoy en el Cementerio de Colón, en La Habana.

Así que sí, aunque muchos no lo sepan, el Titanic también dejó huella en Cuba. Una historia marcada por la tragedia y la supervivencia… donde el destino, como buen cubano diría, jugó sus cartas sin pedir permiso.