En la Cuba de hoy, la palabra “inventar” no es un chiste… es una necesidad. Una reciente encuesta deja al descubierto lo que millones viven a diario: casi el 87% de los cubanos tiene que recurrir a la economía informal para poder comer.
El dato no es menor. Es prácticamente todo el país buscando cómo sobrevivir fuera del sistema oficial. Y aquí viene la contradicción que define la realidad cubana: muchos dependen del salario estatal… pero ese dinero no alcanza ni para empezar.
El estudio, basado en entrevistas en toda la isla, confirma lo que ya se siente en la calle. La mayoría de los cubanos combina su trabajo formal con actividades por la izquierda. Algunos lo hacen todo el tiempo, otros cuando pueden, pero el punto es el mismo: sin “resolver”, no se come.
Y lo más preocupante es que esa “inventiva” ya no es sinónimo de progreso. Antes podía ser una vía para mejorar un poco la vida. Hoy es puro modo supervivencia. Un parche constante frente a una economía que no responde.
Mientras tanto, el salario estatal sigue cayendo en picada frente al costo real de la vida. Lo que entra no cubre ni una fracción de lo que se necesita para lo básico. Trabajar dejó de ser garantía de vivir.
Otro mito que se cae es el de las remesas. Muchos piensan que ese dinero sostiene a las familias… pero la realidad es otra. La mayoría de los cubanos no recibe ayuda del exterior de forma regular, y muchos no la reciben nunca.
El resultado es un país donde el ciudadano está atrapado en un sistema que no funciona, pero del que tampoco puede escapar del todo. Dependencia oficial por un lado, supervivencia informal por el otro.
Todo esto ocurre en medio de una economía en caída libre, con años consecutivos de contracción y sin señales claras de recuperación. El modelo está agotado, pero sigue imponiéndose.

